viernes, noviembre 11, 2011

Ese que canta

-Ahí viene ese que canta-
dicen al verme pasar
las señoras en la plaza.

-Ahí viene el pajarillo-
me sonríen si las observo
y risueño, prosigo mi trino.

Yo canto señoras
y cantando así no me olvido
de que hay una voz 
que late en mi pecho
de que el que canta
aún está vivo.

jueves, octubre 27, 2011

Tardor

Avanzas otoño y claudican
las hojas con tus vientos.
Ofreces tu mejilla triste,
violeta tu cara de ninfa.

No estés triste buen otoño.
Eres sabio y eres tiempo,
soberano de edredón y almizcle.
Amarillo y ocre, buen otoño.

Soplan níveas tus caricias
nodriza roja de los inviernos.
La estival desnudez revistes
mesa camilla de la nostalgia.

No estés triste viejo otoño.
Eres olvido y también recuerdo,
sátrapa que la luz desdice
bueno, viejo y triste otoño.

martes, octubre 18, 2011

Cartas desde Tetuán IV

¡Oh Maestro!

Llevaba unos días debiéndote un verso. Dos años terrestres son poco tiempo en términos astrofísicos para hacer olvidar a un poeta la vivencias que atesora en su caja de zapatos de los recuerdos importantes. La vida ha cambiado bastante desde que te fuiste, la vida siempre está cambiando, cambia tanto o más que el agua de una cafetera. Es consabido que las cafeteras regalan mejor café cuantas más hayan sido las tazas servidas con su brevaje negro. Cuando tú y yo nos juntamos por causas y azares de la amalgama sociológica, ya gastabas un café delicadamente oscuro. He aprendido a identificar el buen café con su solo aroma. En tu caso, superada la fase de tanteo, constaté las excelencias señaladas por tu Flaco proveedor: ''Café Maestro, Café Excelso'' rezaba tu eslogan. Bastaron un par de sobremesas, tres noches pendencieras y no sé cuantas pachangas para que el poeta se declarase FAN de su negruzo sabor algecireño. Cuando te aventuraste en la apertura del mercado aussie, sentí pena amigo; estaba seguro de que nuestros intereses comerciales volverían a enlazarse, aunque no ya de la misma manera. Este verano estuvimos cerca, y si no se dio fue probablemente porque yo andaba sumido en la vorágine a la que pertenezco. A veces parece imposible sobrevivir a la vorágine. Rompí con todo cuando rompí con la Negra, rompí mi propia moldura. Aún hoy ando ensamblando los pedazos con pegamento de barra. La tarea ha sido dura de cojones. Lo del amor de verdad es una apisonadora, un juggernaut con peor pisada que el caballo de Atila. Yo antes no lo sabía. Ahora lo sé. Me vine a Barcelona después de un verano intenso en reencuentros y memorias. Otra mujer loca decidió por mi. Mis defensas son escasas ante el sortilegio femenino cuando es poderoso como una bola de fuego de veinte puntos de daño. Ando en busca de trabajo con telarañas en mis arcas. Bebo mucho café y a menudo me acuerdo de tí, del Flaco, del amigo Antón y del amamonao de Lucas. Sussie me llamó este verano para contarme que se lo había hecho con una ramera y reclamar su lugar en alguno de mis futuros libros. Espero que no le de por reclamar también beneficios. Turkoglu se fue a Londres (cosas del Lock Out) y nuestro Madrid sigue cambiando, con más túneles, bólidos y sevillanos que nunca. Madrid, esa palabra.

No sé que será de mí, pero como los maestros que me enseñaron sabré sobrevivir. Lo que peor llevo es la preocupación de los demás. No la merezco ni la necesito. Tú nunca me has preocupado amigo Vincent. Si todos los hombres de este planeta fueran como tú, habitaríamos posiblemente un mundo mejor. Mantente fuerte y siempre que sea necesario regala tu café. Aquí estaremos para beberlo solo y despacio. El mundo es nuestro.

lunes, octubre 17, 2011

...y la vida va

Detente aquí caminante
Vengas de donde vengas.
Aquí ha botellas
Y hay vasos,
Hay una vida
Hay una tierra.

Detente aquí caminante
Sea cual sea tu comedia.
Aquí habrá botellas
Y habrá vasos,
No habrá querellas
No habrá quejas.

miércoles, agosto 03, 2011

Summertime



Summertime and the livin’ is easy
Fish are jumpin’ and the cotton is high
Oh your daddy’s rich and your ma is good lookin’
So hush little baby, don’t you cry
One of these mornings
You’re goin’ to rise up singing
Then you’ll spread your wings
And you’ll take the sky
But till that morning
There’s a nothin’ can harm you
With daddy and mammy standin’ by

viernes, junio 03, 2011

Open your heart, I'm coming home




Hey you, out there in the cold
Getting lonely, getting old
Can you feel me?
Hey you, standing in the aisles
With itchy feet and fading smiles
Can you feel me?
Hey you, dont help them to bury the light
Don't give in without a fight.

Hey you, out there on your own
Sitting naked by the phone
Would you touch me?
Hey you, with you ear against the wall
Waiting for someone to call out
Would you touch me?
Hey you, would you help me to carry the stone?
Open your heart, I'm coming home.

But it was only fantasy.
The wall was too high,
As you can see.
No matter how he tried,
He could not break free.
And the worms ate into his brain.

Hey you, out there on the road
always doing what you're told,
Can you help me?
Hey you, out there beyond the wall,
Breaking bottles in the hall,
Can you help me?
Hey you, don't tell me there's no hope at all
Together we stand, divided we fall.

jueves, junio 02, 2011

Cartas desde Tetuán III

Flaco,

Ayer fue un día especial. Uno de eso días que uno sabe en el mismo instante que se está viviendo, que la vivencia, esa materialización espacio temporal que experimenta cada persona de manera genuina, tiene un aire trascendente. Fran cumplía treinta y tres años y nos citó en el parque de Eva Duarte de Perón. Había montado una merienda a la antigua usanza en una zona de recreo con esas mesas de metal con bancos donde los mayores se sientan a echar un mus o un tute mientras disfrutan de la altruista compañía de otros mayores. Gozando la espera.

El Franchu lo tenía todo listo: sus medias noches, sus sándwich de nocilla, su empanada, su tortilla de papas, sus Cruzcampos bien frescas. Colgó unos globos en algunas ramas y nos surtió de gorros de cartón a lo Master and Commander.  El año pasado lo habíamos pasado bien. Era oportuna la idea de repetir. Le regalamos unos libros de Bolaño y Calvino (no hay tiempo para leer basura). El año pasado le compré y dediqué The Humbling, de Philip Roth, y desde entonces Fran había manifestado una extraña inclinación hacia el melodrama kitsch que el reconocía poco afortunada. Esta vez no le dediqué los libros. Con Alina todo fue cordial; de algún modo me alegraba de verla. Ella seguía siendo ella y yo seguía siendo yo. Vinieron la X y la Euge, y el Mejicano y su prometida con fundas en los dientes, según me apuntó Juan con ojo clínico cuando se marcharon a cenar como le gusta al Cuate. Los Velázquez-Gaztelu, y Bea, nuestra Bea. Lo más bonito de todo Madrid. También vino gente nueva lo que siempre es de agradecer.

El verano se acercaba frío, advirtiéndonos. Yo pensaba en si era verdad el rumor de que en la acampada de Sol había una plaga de piojos. El taxista y el Mejicano no me parecían las fuentes más fiables. El problema no eran los piojos, estaba claro. Algo está azotando la conciencia colectiva. La gente quiere decir lo que piensa y no es menester despreciar el hecho de que pueden, pero al personal le gusta la acción. No tienen culpa. En todo caso es culpa de Hollywood y de la Historia. Entiendo a quienes creen que las palabras no bastan. Aunque a mi me basten.

Currito y Fran bajaron unas sudaderas de casa. Parecía primero de febrero y no paraba de zampar para que mi cuerpo no se enfriara. No tengo ni idea de si existe alguna correlación entre la ingesta de alimentos y la sensación de tener el espinazo helado, pero al menos si estás comiendo te acuerdas menos de que tienes frío. Expliqué a la prometida del Mejicano, cual paladín de la concordia entre pueblos, que hasta el cuarenta de mayo, uno no se quita el sayo en España. Que fuera inglesa explicaba lo de las fundas.

En una de esas, estábamos Juan, Bea, tú y yo. Ambos me reprochabáis mis continuas ausencias: Bea dijo si no te vemos en Madrid ánda que te vamos a ver ahora que vuelves a Sevilla. Vosotros sois a la gente que yo veo más allá del trabajo, dije yo, así que imagina lo mucho que me muestro. Me miraste con todo el rencor que puedes tenerme. Sabías que me marchaba. Que había llegado ese momento del que algunas tardes habíamos hablado. De algún modo siempre supimos que juntos podríamos; sin embargo, hacia ya un tiempo que yo había caído. Es amargo el sabor de lo irrepetible, querido Avalista. Se hizo el silencio para mí y me concentré en esa revelación que esconde el fin de todo episodio. Me quedé conmigo mientras el ágape continuaba. Fran había soplado las velas sobre una tarta que parecía un donut grande. Juan se me acercó. Puedo decirte exactamente lo que estás pensando, me espetó mientras sondeaba mis ojos con los suyos lúcidos. Sólo es feliz quien es capaz de decir adiós, prosiguió. Realmente sabía quién era yo el muy cabronazo. Yo me sabía el hermano que de sangre no tuvo. Se humedecieron mis ojos y no me acuerdo qué contesté; estaba demasiado preocupado porque nadie percibiera el rubor que me nacía. Tal vez yo fuera un caminante, serio y callado al mismo tiempo. Siempre diciendo adiós.

Recogimos y salimos del parque. El frío se hizo sentir de nuevo pero a Fran no parecía erizarle el bigotazo que se había trabajado para la ocasión. Qué buenos tiempos hemos pasado. Con disciplina escribiría una trilogía. Antes de llegar a la esquina donde está el bar Sydney, al principio de Cartagena, tu resquemor se tornó en melancolía. Te preocupaba que me fuera sin que volviéramos a vernos una última vez. Nos abrazamos. Y como siempre me alcé sobre mis puntillas para poder estar a tu altura. Tú eras quien siempre habías sido. No tenía la menor duda de volverte a encontrar en el camino.

Hasta luego, viejo.

jueves, mayo 26, 2011

Cartas desde Tetuán II

Querido Juan,

Fui el otro día a una entrevista de trabajo. Me llamaron y puede montármelo para dejar antes la oficina. Fue agradable la sensación de no tener que ocultar a dónde iba ni pedir permiso, la sensación de que fuera innecesaria toda subrepción. Pensé que bien podría ser esto la libertad, en caso de ser cierta su existencia. Tenía curiosidad por ver cómo se movía el mercado laboral (así es que lo llaman). Bajé la calle Bambú y giré a la izquierda. Pregunté a dos chicas nada especiales por el Hotel Foxá y una de ellas alzó la mano derecha indicándome con el índice el camino al desfiladero que había de acercarme a la posibilidad de un futuro mejor. Veía el hotel a tiro de flecha. Encaré el puente de metal dejando a mi espalda pequeños jardines de crujiente césped y pinos refrescantes, escasa naturaleza viva en este páramo de cemento y cristales reflectantes. Caminé sobre el puente y los edificios desaparecieron a mis flancos. Contemplé el espacio ingente que se abría hacia ambos lados. El cielo era azul y hermoso. Hacía calor y me sudaba la frente. Me detuve unos segundos. Miles de coches atiborraban la autovía en ambas direcciones. Era una visión grandiosa y triste. Los había de todas las gamas: camiones, motos, furgonetas; hasta acerté a ver un moderno deportivo descapotable en el que un padre llevaba de copiloto a su pequeño hijito con un enorme casco negro. Pensé he aquí el progreso. Avancé hacia el hotel impresionado por lo extraña que resultaba desde aquella perspectiva de conjunto la brega de todos los seres, uno a uno, por ganarse el pan estos días en la ciudad.

Llegué a la cita con antelación. Sabes que siempre me ha gustado llegar pronto a mis primeras citas; te permite un tiempo de ventaja para escrutar a los parroquianos y decidir cómo hacer aquello que tienes intención de hacer. Mi contacto era Jesús, el tipo de voz grave y parcas palabras que me había telefoneado por la mañana. Créeme si desde un primer momento desconfié de la mesiánica familiaridad del nombre. Me senté en el hall y espere a que vinieran a atenderme. No tenía ni cuatro euros en la cartera así que supuse que lo conveniente sería pedir un refresco mientras me relajaba leyendo la prensa del día. Nadie vino a tomar la comanda, así que sólo leí. En la tele estaba ese famoso presentador que conduce un programa que consiste en cajas: el concursante tiene una caja con la que juega mientras un grupo de gente con tiempo de todas las provincias de España tiene las suyas. Todas las cajas tienen un número. El concursante va ordenando ceremoniosamente a sus compañeros de plató la apertura de todas las cajas, una tras otra, mientras pierde durante el proceso pequeños y grandes botines. Al final sólo quedan el concursante y su caja frente a otro concursante y su otra caja. El show era demasiado simple para ser divertido. Habría ganado en interés con algún arma corta en una de las cajas. La muerte daría veracidad y audiencia a esta ruleta cutre y televisiva.

Aquello se fue llenando de gente. Pude olerme la encerrona; ya sabía perfectamente a lo que había venido. Una jauría de cuerpos de diferentes edades, algunos arreglados, otros no, se adentró en las catacumbas de aquel salón pomposo, desfilando sobre el suelo de mármol con impertérrita indiferencia hacia aquello que no fuera alcanzar el firme objetivo de conseguir un empleo. Me hice el remolón entre los cubículos de aquel recibidor de huéspedes, ojeando grandes retratos de cierta gente de abolengo más que probablemente muerta y algunos extraños códices en hebreo. Al fin llamé a Jesús y di con él; estaba de pie junto a la palaciega escalera que gobernaba la recepción del hotel. Me acerqué con ventaja, midiendo mis pasos, sabiendo exactamente qué diría y replicaría para escapar de aquella historia y volver a casa. A penas intercambios el saludo me presentó al compinche de su izquierda, Alberto, y le conminó a que me acompañara al punto de encuentro. Considerando algunas de las piernas, culos y caderas que se habían contoneado por aquel sitio en los cuarenta y cinco minutos que llevaba esperando, aquello del punto de encuentro no me sonó del todo mal. Alberto y yo anduvimos hasta la escalera trasera que daba entrada a las mazmorras, al punto de encuentro, pero justo antes de bajar el primer peldaño me las hice para hacer entender a aquel tipo que yo no bajaría al punto de encuentro.

- ¿Tienes algún problema?- preguntó.
- Verás amigo, es que a mí, estas cosas en grupo no me van.
- ¿Acaso no quieres un buen trabajo?
- La verdad es que preferiría irme a mi casa (y masturbarme, pensé). En este momento de mi vida ando buscando algo más personal.
- Podemos hacerlo más personal si lo deseas.
Estaba claro que Alberto comisionaba por cada pringao que convenciera para ir al punto de encuentro.
- No te preocupes. Sólo vine a echar un vistazo.

Me despedí con cortesía del fulano y cogí camino de vuelta a casa. Dejé de nuevo el puente a mi espalda. Los coches proseguían su avance sobre aquel torrente de asfalto bajo el cielo azul, infinito, perfecto. Ya en el metro, una universitaria a la que no le vi la cara posó su culo sobre mi brazo mientras yo leía El jamón entre el centeno, creyendo tal vez sentarse en el reposabrazos. La universitaria dejó su culo ahí y yo dejé mi brazo. Salí en Tetuán y encaré la recta al hogar. Tal vez iba a ser difícil encontrar un nuevo trabajo. Tal vez no lo quería. Terminé el libro y me quedé dormido pensando. Qué plaga el hombre, hermano, qué plaga.

lunes, mayo 16, 2011

Spanish Caravan



Take me Spanish Caravan
Yes I know you can...

Cartas desde Tetuán I

A Govinda Ollero,

Hay siempre en la plazoleta en que termina Tablada y empieza Sauco un grupo de chavales que domina el espacio con tensa rareza. Me los encuentro cuando vuelvo del trabajo a media tarde y siguen ahí cuando en ocasiones, a la hora que cae el dios sol, me acerco al chino a proveerme de todo aquello que siempre falta en mi nevera y nunca me acuerdo de comprar. Su número es oscilante; a veces seis, siete, conté once una vez que esperaba a que Currito comprara tabaco en el Cantespino. Se trata de un bonche bastante heterogéneo pero unánime en cuanto a la materialización de lo que muchos convendrían en denominar apestados. Portan con dignidad su pinta de borrachos, yonkis y maleantes. Es gente con la que conviene tratar poco. Esto lo aprendimos de niños en el barrio, cuando los gitanillos de las Tresmil llegaban en sus patrullas de bicicletas a la hora de la siesta, con tamaño apetito de lo ajeno, que no había otra que dejarse calentar la cara con tal de no perder la pelota o la bici. Lo peor era cuando se llevaban la bici. Hijos de perra. Recuerdo que al Pocas le partieron la tocha en la puerta de su casa por no haberse dejado birlar la exquisita montura a pedales que le habían regalado aquellas navidades. Aquello me causó admiración. Hay ideas, deseos, que no perdemos a base de hostias. Si una idea o un deseo es lo suficientemente grande en nosotros, la integridad física, el sufrimiento, la posibilidad del fin, pasan a un segundo plano. No había duda de que Joaquín había demostrado tener un par de pelotas, pero sobretodo, aseveró que la ilusión que albergaba por cabalgar aquella belleza de aluminio era capaz de extraerle todo el valor que poseía en su interior. Lo había convertido en un héroe. 

Tal vez sea la falta de ilusión el blasón que ostentan los chavales de la plaza. Tal vez sean las ilusiones, aquellas que un día nos separaron. Tal vez, amigo, uno deba ilusionarse menos para poder estar con los chavales en la plaza. Tal vez la nostalgia sea el mejor escudo de armas. Tal vez las partidas de Pendragón, los cuentos de Steinbeck y tus arengas sobre Tolkien y Malory me hicieron mucho mal en la infancia. Tal vez sea el genoma de Alonso Quijano, pero sabes que últimamente pienso mucho en el heroísmo, en la génesis del arquetipo. Conozco a verdaderos expertos en la materia como el Capitán Lefascist. Miro al mundo y no veo a Lancelot ni a Gawain, no hay hombres altos ni magos blancos. Extraño el olor a azahar en primavera y a salitre en el verano, la humedad del Río Grande en el invierno, la sacra tristeza del otoño.

Te escribo esta carta desde Tetuán, mi barrio, que no es ninguna pradera que cruce a caballo. Pero no te preocupes; tengo a raya a los fulanos de la plaza. Sabes que puedo dar hostias como panes y que, además, estoy muy loco. Ellos parecen saberlo también. Nos miramos de reojo. Ellos chupan sus latas de medio litro. A mi me espera la mía en casa. Estoy tratando de hacer deporte y de comer bien. Sentía gran necesidad de escribirte una carta en la que contarte mis peripecias por este reino. Es curioso como aquí todos siempre reconocieron mi origen. De algún modo siempre me supe extranjero en estas tierras. Govinda, hermano, qué presente has estado siempre en todos mis pasos. Qué deseo por volver a verte.

viernes, abril 08, 2011

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.

viernes, marzo 25, 2011

Erguido frente a todo

Bajo mi cota de bambú
Erguido frente a todo.

Enhiesto ante el recuerdo
Valiente ante el futuro
Erecto ante la vida.

Me yergo
Con higiene postural.
Me extiendo
De uña a uña.

Resistir no es una opción
Cómo vivir
No debe pensarse.

A lo hecho pecho.
Nada de torturas
Nada de lamentos
Persigo la buenaventura.

Bajo mi cota de bambú
Erguido frente a todo.

jueves, febrero 24, 2011

La última gota

Última gota
de la última ola
del océano cósmico.
Perla piadosa
penúltima defensora
de la luz del universo.
Morralla insoportablemente
leve
soberbia marejada.
Siento tan lejos las estrellas.
Temo a la materia oscura.
El ser es un átomo
en la biomasa.
Astrofísicamente nada
de nada.

Sé que hace un día maravilloso
ahí afuera.
Más no es bueno saber
cuando se está en galeras
como organismo asido,
condenado
a perecedera brega.
Poco es la vida.
Aún menos el trabajo.
Mejor no aprender nada
no sea que cese
esta absurda cantinela.
No existen divisas
suficientes para comprar
las estrellas.

miércoles, febrero 09, 2011

تطوان (Los ojos)

Ha vuelto, el muy cabrón. Supongo que cada uno tiene sus cruces. En la tierra de donde vengo se cargan con pasión en primavera. La mía tiene talla guadalupana y talento chupóptero. Hay personas que cuando te las cruzas cuesta que te dejen tranquilo. No estoy seguro de querer estar tranquilo; alguien dijo que estarlo es una bajeza moral. Agradeceré cambiar de intranquilidades. En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos (los mismos). Algo bueno saldrá de esto. Un atardecer contemplando el cielo, un refrescón entre niños ruidosos. ¿Acaso no es esto la vida? El eterno retorno de sinónimo y antónimo.

lunes, enero 24, 2011

La Academia

Ha llegado una lingüista
de la Sorbona
a casa.
Era licenciada en Español,
Lengua
y Civilización.
Ha comentado que no hay poesía
sin métrica, y que de haberla,
es básicamente menor.
También ha dicho
que el cocido
es fruto de
la hermandad
hispano africana
y me he quedado
pensando en
Túnez
y
en los restos
del imperio español.
Saben mucho en la Sorbona.
Mi hermana Blanca estuvo allí.
La chica no había comido
cocido
en su vida,
pero parecía
apasionada
con Hugo y Rimbaud.
¿Escribes?
Le pregunté.
No tengo la capacidad.
Respondió.
Me acordé de ti
Anfibia
y de tu veneno,
Lo lamento.
No soy capaz
 de escribir cartas
 en Alejandrinos.

REMORDIMIENTO EN TRAJE DE NOCHE

Un hombre gris avanza por la calle de niebla;
No lo sospecha nadie. Es un cuerpo vacío;
Vacío como pampa, como mar, como viento,
Desiertos tan amargos bajo un cielo implacable.

Es el tiempo pasado, y sus alas ahora
Entre la sombra encuentran una pálida fuerza;
Es el remordimiento, que de noche, dudando,
En secreto aproxima su sombra descuidada.

No estrechéis esa mano. La yedra altivamente
Ascenderá cubriendo los troncos del invierno.
Invisible en la calma el hombre gris camina.
¿No sentís a los muertos? Mas la tierra está sorda.

Luis Cernuda. Un río, un amor.

miércoles, enero 19, 2011

El nuevo

Viene contento
el nuevo
la sonrisa juntándole los labios
el lápizfaber virgen y agresivo
el duro traje azul
de los domingos.

Decente
un muchachito.
Cada vez que se sienta
piensa en las rodilleras
murmura sí señor
se olvida
de sí mismo.
Agacha la cabeza
escribe sin borrones
escribe escribe
hasta
las siete menos cinco.
Sólo entonces
suspira
y es un lindo suspiro
de modorra feliz
de cansancio tranquilo.

Claro
uno ya lo sabe
se agacha demasiado
dentro de veinte años
quizá
de veinticinco
no podrá enderezarse
ni será el mismo
tendrá unos pantalones
mugrientos y cilíndricos
y un dolor en la espalda
siempre en su sitio.
No dirá
sí señor
dirá viejo podrido
rezará palabrotas
despacito
y dos veces al año
pensará
convencido
sin creer su nostalgia
ni culpar al destino
que todo
todo ha sido
demasiado
sencillo.

viernes, enero 14, 2011

Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible

Recuerdo el frío del amanecer, los círculos de los insectos sobre las tazas inmóviles, la
posibilidad de un abismo lleno de luz bajo las
ventanas abiertas para la ventilación de la enfermedad, el olor triste
de la sosa cáustica.
Pájaros. Atraviesan lluvias y países en el error de los imanes y los
vientos, pájaros que volaban entre la ira y la luz.
Vuelven incomprensibles bajo leyes de vértigo y olvido.
No tengo miedo ni esperanza. Desde un hotel exterior al destino, veo
una playa negra y, lejanos, los grandes párpados de una ciudad cuyo
dolor no me concierne.
Vengo del metileno y el amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte.
Ahora contemplo el mar. No tengo miedo ni esperanza.
Eres sabio y cobarde, estás herido en las mujeres húmedas, tu
pensamiento es sólo recuerdo de la ira.
Ves la rosas temibles.
Ah caminante, ah confusión de párpados.
Hay una hierba cuyo nombre no se sabe; así ha sido mi vida.
Vuelvo a casa atravesando el invierno: olvido y luz sobre las ropas
húmedas. Los espejos están vacíos y en los platos ciega la soledad.
Ah la pureza de los cuchillos abandonados.
Amé todas las pérdidas.
Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible.

Antonio Gamoneda

jueves, enero 13, 2011

Máxima I

Cuando lo tienes todo, puedes perderlo todo. Entonces no tienes nada más que perder.

miércoles, enero 12, 2011

La vida en la frontera no espera



A veces sopla un viento triste y frío
los día son igual que una condena
de noche se oyen voces que murmuran
un nombre donde solo hay silencio.

Si cruzas por aquí, se precavido
si alguien te sale al paso no le des la espalda
es bueno hallar con quien hablar a veces,
pero es mejor callar cuando es preciso

No sueñes con el final del camino
pues ya, maldita sea, otros aguardan
para tomar su parte y ganarte
la mano sin moverse del sitio.

La vida en la frontera no espera
es todo lo que debes saber.

Hay hombres con mirada que fulmina
como el rayo penetra en carne viva
si matas generas un espectro
que siempre ya persigue y acecha.

Bailan las mujeres en la hoguera
desnudas con el rostro cubierto,
aquella que concibe tu hijo también
acaba con las voces de lo incierto en tí.

Si tienes que jugártelo a una carta
ve de cara al decir tu palabra,
pero antes de que el eco la repita
dios y el diablo te ayuden a estar lejos.

La vida en la frontera no espera
es todo lo que debes saber.

Radio Futura

lunes, enero 10, 2011

Tres de dudas

Cavilaba bajo la silueta de enormes hojas de árbol color bombilla el tercero de enero, con el culo frío por el mármol que es banco frente a las letras doradas incrustadas en los adoquines que firma Nicolás Fernández de Moratín en la agradable calle de Huertas. También mata la muerte en las fiestas cristianas. También dan las iglesias misas de difuntos en navidad, y allí van los que nos quisieron a despedirse y algunos piensan qué jodidamente corta es la vida y que solo se muere uno. Las hordas invaden el centro de la ciudad amasando cosas y más cosas, y plástico y papel, y se chocan unos con otros y se insultan y creen ser fuertes, pero todos están solos en esta locura, y luego vuelven a sus casas con el botín bajo el brazo, y discurren sobre su círculo de amistades y hacen cábalas sobre de quién recibirán regalos y quedan a la noche unos con otros y comen y beben y engordan y recuerdan y beben y vuelven a beber. Y la muerte siempre está ahí, esperándolos, observando altiva como chocan y compran y amasan, como disfrutan los hombres sus cosas. No piensan en nuestra obsolescencia programada, ni en la cada vez más corta vida de los juguetes, los artilugios, las modas. La gente es extraña cuando eres extraño para ellos. Leí azarosamente en año nuevo la página de un libro de Nietzsche que recordaba que Pascal odiaba una frase de Montaigne, buena almohada es la duda para una cabeza bien equilibrada, y me dejó pensando sobre la razón del equilibrio y sobre lo mucho que dudaban los sabios y en la gran consideración que se tenían a sí mismos. Yo tengo muchas dudas, y ya no sé cuántas certezas. Pero estoy casi seguro de la humanidad persistirá, tal y como es, pese a la muerte y su ciclo. He leído que un hombre ecuatoriano ha muerto. Este hombre había engendrado noventa y seis criaturas con cuarenta mujeres distintas según informaba una periodista desde Quito. Muchas mujeres anhelan un marido. Muchos hombres quieren ser casanova. Solo algunos pueden. Creo que es cierto que la vida no es un juego y que es mejor no hacer daño a las personas. También es cierto que hay quien no se toma estas certezas demasiado en serio. Es cierto que allí de donde uno viene existen espacios recónditos donde poder estar solo y oxigenar el pecho por gris que se encuentre. Los asesinos cargan con sus crímenes para siempre; de eso también estoy seguro, y de que cada vez se comparte menos y de que no se deben pisotear las flores. Los mañanas pronto son ayeres, y cuanto más viejo se hace uno, más pesado se hace volver a empezar. Por lo demás, me siento puesto en dudas. Si me preguntas sobre algo no sabré qué responder. Los sabios dudaban porque debían. Yo lo hago porque ya se ha ido otra navidad.

viernes, diciembre 03, 2010

Hace tiempo

Hace tiempo tuve una casa,
tuve un hogar.
Hace tiempo tuve amistades.
Inenarrable compañía.
Hace tiempo tuve familia,
un refugio, una caricia,
un plato de sopa.
Hace tiempo tuve un amor...
Hace ya mucho tiempo
de todo aquello.

martes, noviembre 30, 2010

Rebelde

En un vuelo a Barcelona
he leído yo una revista
masculina.
Se anunciaban
marcas
de ropa
y cosas
de moda,
relojes, éxito,
tecnologías.
Casi todas
marcas
para mí
desconocidas.
No me ha vencido la congoja.
Me ha nacido una sonrisa.
Me la sudan
las tendencias
y las cosas
aburridas
de los hombres
de las revistas,
y sus constrictores
horarios de oficina.
Soy un rebelde.
He perdido
las formas,
la sumisión,
las jerarquías.
No tengo casa,
No tengo moto,
Ni hipoteca ni botín.
Eso sí
No soy Siddharta
No soy Jim Morrison
Ni soy Steve McQueen.

jueves, noviembre 18, 2010

Hombre de Hoy

Hombre de Hoy,
Yo, como Tú soy.
Comparto tus hambres
Hombre de Hoy,
tu aire, tu cielo, tu suelo
son los míos, Hermano.

Tú y Yo sudamos
en vagones hacinados
donde a penas nos miramos.

Tú y Yo pensamos
en paraísos malgastados,
en las dichas del pasado.

Tú y Yo soñamos
con un mundo mejorado
con un futuro optimizado.

Pero poco hacemos
Hombre de Hoy.
Hemos de reconocerlo.

Poco hacemos
los otros por los unos,
los unos por los otros.
Preferimos tocarnos
los cojones,
no tenemos linaje de Escipiones.

Pero de noche
Hombre de Hoy...
¡Ay, de noche! Amigo.
Tú y Yo tenemos claro
que de la Vida
la Noche es la mitad mejor.

De noche nos liberamos,
nos deseamos, buscamos
y bienhallamos.

De noche a nuestros vástagos
con pasión mayor
engendramos.

De noche los poetas
nuestros más bellos versos
alumbramos.

De noche a los difuntos
y sus difusas presencias
invocamos.

Noctívagos somos
mi Hermano,
y no negaré más
el hecho cierto, 
Hombre de Hoy.
Yo, como Tú soy.

jueves, octubre 21, 2010

The Time is always Now

Marcelo solía decir que lo que no hayas hecho antes de los treinta no lo harás ya nunca. Cada vez que escuchaba aquel parlamento, imaginaba que el Flaco había esbozado a lo largo de su trayectoria alguna suerte de santuario mental en el que la unidad temporal que constituían las tres primeras décadas de una vida representaba el límite más allá del cual resultaba bastante chungo sumar atributos y capacidades a la amalgama que los loqueros, con despreciable apetito comercial, gustan llamar personalidad. Si he de ser sincero la tesis no me convence (he leído últimamente a cerca del Transhumanismo), más no negaré que experimenté una curiosa sensación de vértigo cuando mi amigo vituperaba a nuestro Apoderado con semejante diatriba cuando, asumiendo esa posición de hermano mayor que nunca tuvo en su casa, le emplazaba a abandonar esa inclinación de Antón a masturbarse mentalmente sin parecer entender que en la práctica, para que la erección termine, hay que ensuciarse las manos. El creador siempre se ensucia, hasta las trancas.

Así era Marcelo. Nuestro referente sin haber querido serlo. Suelo recordarle que fue la primera persona con la que contacté cuando me mudé a Madrid, aunque he de admitir que se lo reconozco, por encima de todo, a modo de título personal. También por indicación de mi médico, pues sigo a rajatabla las prescripciones del Doctor Chinaski.

Marcelo celebró el día dieciocho sus treinta años en un bar de Lavapiés, La Mancha en Madrid, y sin ánimo de menoscabar el fervor castellanomanchego del antro, La Mancha se me antojaba el símil más acertado para realizar un diagnóstico psicológico de algunas de las pobres almas que ayer acudimos a celebrar a nuestro amigo. Marce cumplía treinta y allá estaban la Flores y la Puertas y Aitana y Tere, qué cuatro macizas, la mitad de los imbéciles de esta ciudad no jugará en la vida con mujeres de esta liga. Vino Xime, la hermana del cumplidor, a la que hacía tiempo no veía. Estaba cansada, pero no hubiese faltado ni bajo llamamiento del cuerpo diplomático. No faltó el Punti, el percusionista con más talento de su generación, ni su séquito, con May a la cabeza. Ni faltaron las pirbull, Raqui y Mercedes, el futuro del flamenco en este país. Se me agolparon demasiados momentos, difícilmente admisibles para mi corazón en horas bajas. Aquello era un evento de gente con clase, de esa que escucha cuando le hablas y que no te regatea una sonrisa. Vinieron Alma y Julio y me alegraba de verlos. Ellos eran quienes más veces compartían el sagrado momento del desayuno con el Flaco. Las niñas de Humanidades y los Amigos de las Bici y su uno por venir. Lucas y Sare, nuestro fichaje estrella serbio, algo de talento para el Club de Baloncesto Lavapiés (aunque el señor Sartori tenga sus dudas). Y cómo no, Ro y Currito, Fran, Alina y un servidor. Algunos de los más manchados de todos. Me sorprendió la aparición de Evita Caviar y su maromo, y yo me cuestionaba aterrado si seré capaz de estar a la altura de una exrelación adulta.

Miré al Flaco. Disfrutaba. No había duda de que era inteligente del modo más social. Un hidalgo moderno de singular figura. Me preocupaba saber, si en este señalado día, pudiera sentirse abatido en modo alguno por aquel tajante axioma cronológico. Sin embargo, algo me decía que Marcelo no echaba en falta ningún tipo de concreción profesional o creativa el día que el calendario le dijo que hacía treinta años que sus pamperos padres le regalaron el mundo. Marcelo, igual que otros que estábamos allí, igual que tantos que allí no estaban, tenía diferentes anhelos. Anhelos relacionados con la más ineludible mancha que tiñe con imborrable cromatismo la personalidad de todo ser humano. No hay genio o mediocre inmaculado. Así Alina Lakitsch, cuya vigorosa intelectualidad se tambaleaba con cadencia de metrónomo desde que se aficionó a jugar a los videojuegos. Semejante talento. Tanta personalidad ora espoleada ora devastada por la experiencia amorosa. Si algo necesita este anodino país para salir del hoyo es un plan nacional contra el desengaño. Hay tantas mujeres y hombres que se pierden y perderán por culpa del amor. Tenemos que hacer algo. Encerrar a este perro del infierno.

Marcelo no podía decir con sus treinta recién estrenados que nunca se hubiese enamorado. Yo tampoco. Quién, maldito fuera. Allí todos éramos, a nuestra manera, amadores desdichados. Eso sí, a costa del propio caudal. Déjanos en paz Amor tirano; qué malestar. He leído por ahí que el amor se trata de puro instinto de supervivencia. De mala vivencia diría yo. La gente se enamora, cualquier día, a cualquier edad, y ya esa sensación no los deja tranquilos, bien por su ausencia, bien por su presencia, el resto de sus vidas. Será verdad. Será que esta droga más potente que el opio nos ayuda a tirar hacia delante al tiempo que es potencialmente capaz de provocarnos un cuelgue tal, que lleguemos a perder el rumbo de nuestra propia existencia.

En La Mancha fuimos quedando pocos. Una mujer entró pidiendo limosna, y no me dio ni las gracias cuando, feliz como me encontraba después de la cita con mi terapeuta entre risas y bloody maries, se me ocurrió regalarle unos céntimos. Me negué a sentirme mal porque ella no comulgara con el buen rollo que había en la atmósfera de aquel bar. Aún nos quedan pretemporadas, Gordo, me decía el Flaco. Al final quedamos los de siempre y pedimos unas últimas cervezas. Al salir del bar, sentimos el aliento del otoño que nos invitaba a retirarnos al calor del hogar. Despedimos a Ro, no sin antes maquinar un plan perfecto para el fin de semana que incluía a algunas de las amigas con las que habíamos estado. Nos abrazamos y puedo decir que me pareció ver bien a Marcelo a sus treinta octubres. Él era un gran tipo. Qué más podía pedirle a la vida. Curro, Fran y yo marchamos a casa en taxi, porque tras un guateque de postín, gusta que a uno lo lleven hasta su puerta. Vi alejarse a Marcelo por las callejas del Barrio, con la elegancia de la Pantera Rosa, gozando de su territorio. Me costó creer que en el taxi, aquella preciosa noche de otoño, pudiera estar cantando Sinatra.

miércoles, octubre 20, 2010

Café cortado

A las 14:48 del 20 del 10 del 2010,
en plena digestión,
una urraca vocinglera y obesa
me ha hecho regurgitar la milanesa
del almuerzo al aparecerse,
negruzca, en la ventana.
(Maldita urraca hija de puta)
No he llegado al baño.
Ha aparecido el jefe y no ha quedado
otra que rumiar el rico filete.
El jefe ha invitado a un café
para contarme su viaje a Nueva York.
He aguantado la cháchara,
asintiendo estoicamente,
sintiendo como los trozos de filete
se deshacían en el café laxante.
Ahí estaba él.
Feliz con su dinero, su hijo, su viaje,
su elegancia, su amante y su mujer.
Ahí estaba yo.
Triste y sin un duro,
sin hijos, ni viajes, ni amores, ni amantes,
sin una idea en la que creer.
Al rato el jefe se ha marchado
y he podido ir a devolver.
Con la cabeza metida en la taza del váter
Dios me ha iluminado:
¡Eh, FRACASADO!
Límpiate bien la boca
y purifica tu espíritu con amoniaco.
Tienes tiempo para reintentarlo,
aún no ha llegado tu hora,
pero reza; reza y deja
ese asqueroso café.

martes, octubre 12, 2010

The Humbling

"No hay nada que tenga una buena razón para ocurrir -le dijo al doctor aquel mismo día-. Pierdes, ganas...todo es caprichoso. La omnipotencia del capricho. La probabilidad del cambio total. Sí, el impredecible cambio total y el poder que tiene."

Philip Roth

miércoles, septiembre 15, 2010

Gazpacho soup

Hoy has vuelto
a preparar gazpacho.
He sacado los tomates
rojos,
el verde pimiento
y el también verde pepino.
Los he lavado,
pelado,
posado en la encimera para ti.
Me has distraído.
En el sofá leías una carta.
Era de Jean, tu amiga.
Me gusta verte
sonreír de esa manera.
Me has dejado leer su poema
y no he entendido
un pimiento.
(debo practicar mi inglés)
Parece ser que también
llega el otoño a Nueva York.
Has terminado
el gazpacho
y hemos cenado.
A día de hoy
no me he enterado
cómo
se hace el gazpacho
de Harlem.
(y digo amén)

martes, septiembre 14, 2010

POEMA concupis20

Puedo escribir los versos más cerdos esta noche.

Escribir, por ejemplo: “que mi polla está baldada
y me palpita el glande por encima del pellejo”.

La salazón de tu coño gira en el cielo y canta.

Podría escribir guarradas de ese palo.
Yo la lamo, y a veces ella me lame.

En las noches como ésta en que era tuyo mi badajo.
La follé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella arriba, a veces arriba yo también.
Cómo no haber mamado de sus pezones ricos.

Puedo escribir los versos más cerdos esta noche.
Curtirme bien el miembro en cien chatrooms filipinos.

Hendir tu coño inmenso, más inmenso que el otoño.
El poema de mil guarras que no se vinieron conmigo.

Qué importa que dos veces no pudiera engañarla.
Mejor un mal polvo que mil pajas, opino.

Eso no es todo. Aún tengo ganas de guasa. Aún tengo.
Mi rabo nunca descansa hasta quedarse escocido.

Acércatela a la cara y ponme cara de puta.
Yo sé que eso te gusta, y a mi tus tobillos finos.

Voy a eyacular hasta blanquear los mismos árboles.
Folladas como las de entonces, se recuerdan mejor con vino.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Me gustaban las fulanas con clase y amantes del fetichismo.

Y ahora andarás con otros, como antes con el que escribe.
Obsesionada con los rabos grandes y con ese pedazo mojino.  

Ya no la quiero, es cierto, pero sí a sus agujeros.
Es tan corto un orgasmo, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta en que era tuyo mi badajo,
me anestesio el alma a pajas hasta quedarme dormido.

Que me perdonen los míos y que lo haga Neruda,
y que éstos no sean los últimos versos que yo escribo.

lunes, septiembre 13, 2010

Estiércol

Me siento estúpido
cuando empiezo un poema.
Vencido por el folio
de antemano, por esta cabeza
con vocación de estercolera.

Esto en sí es bastante duro;
como una atrofia senil prematura,
como un abisal estupor
que los sesos me inunda,
sesos pútridos, comidos de basura.

Por no mencionar las constricciones:
Pues nunca me vino primero pura.
La métrica. El estilo. - ¡Los cojones! -.
Poetizo mi existencia fecunda
más allá de la nada o de la usura.

Mas sé de versos y de tropos,
de Eros, de Tánatos y de penas,
y sé que en cien otoños
de mí no habrá más huella
que todo lo escrito, que toda esta mierda.

lunes, septiembre 06, 2010

La verdadera vida de Sebastian Knight

Por razones ya mencionadas no intentaré describir la niñez de Sebastian con la metódica continuidad que habría observado de haber sido Sebastian un personaje ficticio. En ese caso, habría informado y divertido al lector narrando el lento desarrollo de mi héroe, de la infancia a la juventud. Pero si lo hubiera hecho con Sebastian, el resultado habría sido una de esas "biographies romancées" que son con mucho la peor clase de literatura inventada hasta ahora. Dejemos cerrada, pues, la puerta, y que apenas se vea un tenue hilo de luz; que se apague la lámpara en el cuarto vecino donde Sebastian ha ido a acostarse; que la hermosa casa olivácea en la ribera del Neva se disuelva poco a poco en la helada noche gris y azulada, mientras los copos de nieve que caen suavemente fluctúan en el halo lunar del alto farol de la calle y espolvorean los poderosos miembros de las dos cariátides barbadas que sostienen, con esfuerzo de Atlante, el mirador de la habitación de mi padre. Mi padre ha muerto, Sebastian está dormido, o al menos inmóvil, en la habitación vecina, y yo estoy en la cama, despierto, con los ojos abiertos en la oscuridad.

martes, agosto 24, 2010

Technical K.O.

Puede parecer poco más que un saco de huesos. Dependiendo de cuánto duerma se maneja entre pluma y súpergallo, pero debe ser cuestión de raza. Las fibras rápidas, pensaba. La encajé bien. Recordé que el que nace boxeador no se traga dos veces seguidas la misma mano. Me fui contra las cuerdas, la cara me ardía, lo disfrutaba, me la merecía. Sabía que ella era más técnica que yo; guante de seda forjado en hierro. Sopesé que no tenía opción alguna de victoria, pese a que yo me fajo bien. Es buen púgil quien acepta la derrota, no hay perjuicio en reconocer el talento. Aquella noche, perder, no me importó.

martes, julio 27, 2010

Beatniks


This generation may make no bombs; it will probably be asked to drop some, and have some dropped on it, however, and this fact is never far from its mind. It is one of the pressures which created it and will play a large part in what will happen to it. There are those who believe that in generations such as this there is always the constant possibility of a great new moral idea, conceived in desparation, coming to life. Others note the self-indulgence, the waste, the apparent social irresponsibility, and disagree.

But its ability to keep its eyes open, and yet avoid cynicism; its ever-increasing conviction that the problem of modern life is essentially a spiritual problem; and that capacity for sudden wisdom which people who live hard and go far possess, are assets and bear watching. And, anyway, the clear, challenging faces are worth it.

'This Is The Beat Generation' by John Clellon Holmes

jueves, julio 22, 2010

Me voy a pie



Debo olvidar el tejado rojo y la ventana con flores. La escalera oscura y la vieja imagen que se escondía en un rincón. Y la cama de madera negra y agujereada y tus sábanas, tan limpias y la llegada suave de un amanecer que nos despierta más viejos. Pero no quiero que lloren tus ojos; dame tu adiós. El camino es cuesta arriba y me voy a pie. Debo decir adiós a la puerta que se cierra y no quisimos cerrar. Debo llenar mi pecho y entonar una canción si el frío, fuera, hace estremecer. Debo ignorar ese perro que ladra atado a un palo seco, y olvidar de golpe tu imagen y este pequeño lugar.

miércoles, julio 21, 2010

Amor primigenio

Bruno se despierta un domingo recibiendo una felación insondable y sincera, carente en apariencia de cualquier ánimo de lucro; termina y entre somnoliento y extasiado se acerca al salón, donde descubre tres cuartas partes del canuto de tila que a penas había chupado poco antes de acostarse la noche anterior; lo enciende y sirve dos vasos largos de zumo de maracuyá, le da duro al canuto y vuelve a dejarlo en el cenicero. Regresa a la grisácea oscuridad del cuarto, con los dos vasos y el rabo aún palpitante, y luego de refrescarse la garganta, la amante decide que ninguno debe estar aún satisfecho. Bruno se siente joven cuando una mujer es capaz de levantársela de semejante manera dos veces seguidas en el intervalo de diez minutos, Bruno se sabe enamorado. Posee a su compañera que se dejaría hacer cualquier cosa, sin paular ni maular, y no piensa, sólo improvisa la cadencia sudorosa de la improbable, pero persistente en el intento, simbiosis de sus dos cuerpos. No son las diez de la mañana y Bruno ya ha eyaculado dos veces, y no le falta nada de nada en las cuatro horas siguientes que se regala de sueño, ya follado, ya fumado, ya hidratado, yacente junto a una mujer escultural capaz de disfrutar más que él mismo cuando llega el momento de sacarle hasta la última gota de vida. Una mujer que te quiere te la pone más dura y gorda de lo que tú sabías era capaz de ponérsete. Esto es el amor.

martes, julio 13, 2010

jueves, julio 01, 2010

Not a Jew

Anyone who says
I´m not a Jew
is not a Jew
I´m very sorry
but this decision
is final

lunes, junio 21, 2010

Modernos

En la ciudad, los jóvenes
quieren ser modernos.
Visten cool y se menean
y menean de concierto
en concierto.

Todos fueron o irán
a Nueva York,
viaje indispensable entre los modernos,
donde verán estrellas fantasmas
y comprarán camisetas a dos dólares.
Las más modernas camisetas
están en Nueva York,
y las tiendas que más molan
y los antros más modernos
y el tren que nunca duerme
y las putas más cañonas…
Miento. Ésas están en L.A.
y en el Buddha de Madrid
(curioso nombre para un burdel).

Los modernos no van de putas,
pese a que las putas son respetables;
también lo son los políticos
y los edificios feos.
Todo lo que dura es respetable.

Las putas duran,
al menos mientras dura dura.
Los modernos no son respetables;
dicen leer a Proust, Céline o a Luna Miguel,
y para ellos no existe música
más allá de Radio 3.
Odio a los modernos.
Para mí son todos unos cutres farsantes.
El más moderno vale menos que la zorra
más barata de la Gran Vía, menos
que unas gafas de pasta con cristales
rayados.
Algunos modernos toman rayas, y aplauden
a Nacho Vegas en conciertos lamentables.

Es un poeta, es un poeta…
El muy cabrón no se tiene en pie,
pero es un poeta, es un poeta.
Me gusta Nacho Vegas,
pero no me gustan los modernos.

Me persiguen.
Me los topo todo el tiempo.
En todos los bares,
en todos los metros.
Practicaría una escabechina
con sus cuerpos,
y con la tinta de sus pieles
firmaría el réquiem a la modernidad.
Al fin sería escritor,
pero más aún asesino
de modernos.
Al último sollozante le agarraría las pelotas
y le diría: - ¡Mírame bien, cerdo! –
¡Contigo muere el último moderno!

En la ciudad, los jóvenes
quieren ser modernos.
Visten cool y se menean
y menean de concierto
en concierto.

miércoles, junio 16, 2010

mis camaradas

éste da clases
ése vive con su madre.
y aquél lo mantiene un padre alcohólico de cara enrojecida
con el cerebro de un mosquito.
éste toma speed y lo ha estado manteniendo
la misma mujer durante 14 años.
aquél escribe una novela cada diez días
pero por lo menos se paga el alquiler.
éste va de un sitio en otro
durmiendo en sofás, bebiendo y repitiendo su
cantinela.
ése imprime sus propios libros en una
multicopista.
aquél vive en un vestuario abandonado
de un hotel de Hollywood.
éste otro parece saber cómo conseguir beca tras beca.
su vida es un rellenar solicitudes.
otro es sencillamente rico y vive en los mejores
sitios y llama a las mejores puertas.
aquél desayunó con William Carlos
Williams.
y éste da clases.
y ése da clases.
y éste otro publica libros de texto sobre cómo dar clase
y habla en tono cruel y dominante.

están por todas partes.
todo el mundo es escritor.
y casi todos los escritores son poetas.
poetas poetas poetas    poetas poetas poetas
poetas poetas poetas    poetas poetas poetas

la próxima vez que suene el teléfono
será un poeta.
el próximo que llame a mi puerta
será un poeta.
éste da clases
y ése vive con su madre
y aquél está escribiendo la historia
de Ezra Pound.
ay, hermanos, somos los más enfermos y los
más rastreros de la especie.

El amor es un perro del infierno

martes, mayo 18, 2010

El Ruido Eterno

"...tengo la impresión de que la música, a pesar de todo el rigor lógico-moral con que parece mostrarse, pertenece a un mundo de espíritus por cuya absoluta fiabilidad en cuestiones de razón y dignidad no querría poner yo precisamente mi mano en el fuego. Que, pese a ello, me sienta apegado a ella con todo mi corazón constituye una de esas contradicciones que, ya sean motivo de pesar o de alegría, resultan indisociables de la naturaleza humana".

Doktor Faustus, Thomas Mann

miércoles, mayo 12, 2010

Villa Natacha

Abrazarlos a todos. Tan simple como aquello, como el chiste de Lupita, la de las manos grandes. Abarcar en un solo gesto a cada de uno aquellos seres, sentir contra su pecho el tonelaje de sus cuerpos, con un deseo voraz de que le aplastaran. Así era Manuel ‘el nostálgico’. Cuentan que Manuel, a temprana edad, en el pueblo que le vio nacer, uno de esos ante los que las almas urbanas nos cuestionamos la posibilidad de otra vida mejor en otra parte cuando los vemos alejarse en la autopista, leyó un poema que un extranjero le regaló en un papelillo viejo, junto al pequeño horno de piedra que era el corazón de la panadería de su padre. El manuscrito albergaba extraños símbolos que parecían a Manolito las pistas secretas que guiaban a un gran tesoro. Absorbido por su arrojo impúber galopó a ver Don Mateo, el alcalde, el hombre más sabio de todos los que había en el mundo, en busca de la sapiencia necesaria para acometer la más importante de las pruebas que la vida le había puesto hasta la fecha, y que él sabía sólo podía encontrar en aquel señor mayor que siempre relataba a los demás habitantes del pueblo sus viajes por el mundo. Don Mateo reconoció fácilmente los caracteres griegos que le entregaba el niño e ilusionado por la labor humanista que suponía el reto, cedió gustoso a una repentina pasión pedagógica y se sintió rejuvenecer. Cuando Manolito, con sus doce primaveras en flor, leyó descifrado el mensaje que contenía aquel mapa de letras único, el niño, que era de naturaleza soñadora y más listo que el hambre, sintió que descubría la más preciosa de las piedras en la Vía Láctea. Corrió a casa, con su tesoro y una réplica de éste traducida con afilada caligrafía por Don Mateo sobre un papel blanco donde vivía un perro flaco. Manolito decidió que ya nunca dejaría su pueblo...

Hombre, involuntariamente

malo –por poco es otra tu suerte-.

Si ante una flor, siquiera, supieras

comportarte

correctamente, lo tendrías todo. Pues a partir de pocas

cosas, a veces,

incluso de una sola –así el amor-

conocemos las restantes. En cambio la multitud mira:

En el borde de las cosas se queda

todo lo quiere y lo toma y no le queda nada.

martes, mayo 11, 2010

2

Me llamo Christopher Donovan, aunque mis allegados en este momento gustan de llamarme el Inglés. Mi nombre, empero, es indiferente. Si me llamara Cristóbal Domínguez en nada variaría la historia que me dispongo a contarles. Nací en Cádiz, vástago de una gaditana salerosa y un británico flemático amante de los mares. Digamos que históricamente no me siento liberado de condicionamientos, pero esa, pese a la redundancia, es otra historia. Como les decía soy inglés, o eso parecen identificar en mí quienes me conocen; personalmente tiendo a no considerarme de ningún sitio en concreto. Vivo en Lavapiés, un espacio interesante para detalle de quienes no lo hayan caminado. Llegué aquí por azares similares a los que un día me engendraron, cuya naturaleza está marcada por una inclinación errante de los espíritus que los padecen; nunca he considerado la razón por la que se mueven mis pies más que una inevitable inercia del estar vivo. El caso es que soy un tipo al que le gusta moverse. Llegué a Madrid hace poco más de un año, para dedicar tiempo a una tesis que, hoy por hoy, me resulta infinitamente menos enriquecedora que la agenda de compromisos sociales para un joven simpático que se halla en la difusa barrera de los treinta y que es carne nueva en estos lares. Creo que estamos en este planeta para pasarlo lo mejor posible, y este axioma, rige de manera central mi metafísica personal. Irán dándose cuenta que padezco de una cierta inclinación hacia mí mismo; aguantarme es una tarifa que habrán de pagar si consigo despertar su interés con lo que les cuento.


Convendrán conmigo que hay muchas maneras de divertirse. Por supuesto algunas de ellas son taras asociadas a la neurosis, pero me quiero referir a la diversión en su sentido más lúdico. Verán, yo como culo inquieto que les decía, he hecho muchas cosas de acuerdo a al principio regidor que me mueve, de clara inclinación dionisiaca, más no soy en absoluto un hombre sin criterio. Sé apreciar las cosas buenas en la vida: la buena compañía, la música, la comida, la bebida. Sin embargo, me aventuro a decir que los momentos más divertidos que están enclavados de un modo químico en mi memoria se asocian a una forma geométrica. Ésta no es ninguna novedad en una sociedad en la que tiene absoluta vigencia la geometría, pero sí es relevante de cara a empatizar algo más con los tipos que me dispongo a presentarles. Por si se lo preguntaban y para evitar absurdas suspicacias esa figura es el rectángulo; en concreto uno de noventa por cincuenta y dos pies aproximadamente.

lunes, mayo 10, 2010

Hallelujah



Now I've heard there was a secret chord
That David played, and it pleased the Lord
But you don't really care for music, do you?
It goes like this
The fourth, the fifth
The minor fall, the major lift
The baffled king composing Hallelujah
Hallelujah
Hallelujah
Hallelujah
Hallelujah

Your faith was strong but you needed proof
You saw her bathing on the roof
Her beauty and the moonlight overthrew you
She tied you
To a kitchen chair
She broke your throne, and she cut your hair
And from your lips she drew the Hallelujah

Baby I have been here before
I know this room, I've walked this floor
I used to live alone before I knew you.
I've seen your flag on the marble arch
Love is not a victory march
It's a cold and it's a broken Hallelujah

Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah

There was a time you let me know
What's really going on below
But now you never show it to me, do you?
And remember when I moved in you
The holy dove was moving too
And every breath we drew was Hallelujah

Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah

You say I took the name in vain
I don't even know the name
But if I did, well really, what's it to you?
There's a blaze of light
In every word
It doesn't matter which you heard
The holy or the broken Hallelujah

Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah

I did my best, it wasn't much
I couldn't feel, so I tried to touch
I've told the truth, I didn't come to fool you
And even though
It all went wrong
I'll stand before the Lord of Song
With nothing on my tongue but Hallelujah

Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah

miércoles, mayo 05, 2010

Offline

Un día más sin conexión.
Ella está de los nervios,
es una yonki.
Cada cual lo suyo, pienso.
Me he hecho cliente de tres
compañías de teléfono.
Me grita.
Odio este mundo.
Llego a casa.
Apagón analógico,
una pitonisa en el único
canal disponible.
Me voy a cagar y Bukowski
aclama el olor de mi mierda.
-¡Bravo! eso es cagar
el verbo-.
Leo unos poemas
locos,
sonrío,
los gozo.
Suena el teléfono.
Una compañía.
Me jodo.
No hay internet para mí.
Tal vez deba ponerme a escribir
hasta que ella vuelva.
Voy a tener que quitarle el enfado.

jueves, abril 29, 2010

Esta boca es mía

Boca maldita, te comportas como una zorra incontrolable, vil e infame depredadora de corazones…¿Por qué no la lira y no la sangre, órgano sublime y despreciable? Me das tanto como tanto eres capaz de quitarme, portadora del nombre y lo innombrable. Eres tú quien me alimenta, quien levanta los pensamientos, quien cimienta la vida en esta tierra, más hermana eres, maldita, del exabrupto y las diferencias, del insulto, la ignominia, la queja. Boca, tú nos gobiernas. Reímos y hablamos y escupimos y besamos y lamemos y chupamos y mordemos y besamos y amamos y odiamos
Por ti boca.
Sé soberana y bona. Olvídate de tus vehemencias y tus despotismos, de la crueldad malsana con que gustas de expresarte. Extiende a los hombres la faz del entendimiento y que nos amemos todos, los vivos y los muertos. Edúcanos, mi pastora, en el respeto a la vida, la risa y el aire. Engulle a tus jinetes negros, la guerra, la peste, la muerte, el hambre y alza tus cantos, tus versos, tus obras. Pero sobre todo, estúpida zorra, no me hagas discutir con mi novia precisamente el día que cumplo 28 años.

miércoles, abril 28, 2010

Gracias Fer

"He aquí las cosas que me harían feliz. No deseo otras. Quiero un cuarto propio donde poder trabajar. Un cuarto ni particularmente limpio ni ordenado... sino confortable, íntimo y familiar. Con una atmósfera llena de humo y el olor de viejos volúmenes y de incontables olores... Quiero trajes decentes que haya usado por algún tiempo y un par de zapatos viejos. Quiero una ducha en verano y un buen fuego con leños en invierno. Quiero un hogar donde poder ser yo mismo. Quiero algunos buenos amigos que sean tan familiares como la vida misma; amigos con los que no haya necesidad de ser cortés y que me cuenten todas sus dificultades, las matrimoniales y las demás; amigos capaces de citar a Aristóteles y de contar cuentos subidos de color; amigos que sean espiritualmente ricos y que puedan hablar de obscenidades y de filosofía con el mismo candor; amigos que tengan aficiones y opiniones definidas sobre las cosas, que tengan sus creencias y respeten las mías. Quiero una buena cocinera que sepa hacer sopas deliciosas y un viejo sirviente que piense que yo soy un gran hombre, pero no sepa en qué reside mi grandeza. Quiero una buena biblioteca, buenos cigarros y una mujer que me comprenda y me deje libertad para hacer mi trabajo. Quiero libertad para ser yo mismo."

La importancia de vivir, Lin Yutang

martes, abril 20, 2010

No te vayas

No te vayas juventud
como se marchan las canciones
que nos inspiran,
escapándose como estrellas
fugaces
que eyaculan su estela
sobre el firmamento.
Quédate siempre
a mi lado.
Preciosa juventud,
no cesas de sorprenderme;
siempre mostrándome tus
bragas blancas,
nevadas cimas de tus muslos.
Eres tan tierna
que no pienso más
que en morderte
tu culazo.
No soy celoso.
anda con quien quieras
niña mala,
no diré nada
pero por favor, quédate.
Me haces sentir tan bien.
Río desde que amanece,
saludo a todos,
el mundo es interesante
y me empalmo a cada rato.
Cásate conmigo nena.
Te lo comeré todas
las noches que le queden
a la tierra.
Lavaré siempre los platos,
masajearé tus pies…
aunque apesten.
Dime qué más puedo hacer.
Juventud.
Libido tesoro.

lunes, abril 19, 2010

Mi camino

Acepté este camino porque antes
pude comprobar otros por mí mismo.
Miré y vi un mundo plano, vasto,
ultrasensorial.
Se saturaron mis sentidos, 
traicioneros receptores de todo,
y mi oración tornose íntima, 
aislada, sola a solas
con El Solo.
Crucé las galaxias y las eras,
más allá de los límites
de mi conciencia,
abandonando la vanidad
de vanidades,
toda vanidad,
y sentí en mi cuerpo la luz
de las estrellas, el enigma
de la antimateria,
la inexplicable grandiosidad
de la vida,
insignificante, inútil, tan
ególatra.

Sin haber hallado la unidad
de la conciencia,
regresé al hombre
y usé sus letras y sus cantos.
Traté de ver en la luz
y no en los objetos coloreados.
Pensé las ideas,
las de otros,
y resultaron ser mejores que las mías.
Mucho más bellas.
Ellos me acogieron
como a un preclaro,
un héroe agitador
del hipotálamo.
Me respetaron
y algunos me llamaron
amigo.

Sin embargo seguí disperso
y, por algún motivo,
en soledades anidaba,
sobrevolando un día
tras otro
las mismas lejanías.
Decidí reandar mis pasos,
libar de nuevo la novedad
maravillosa inmanente en cada 
uno de ellos.
Desprendido de lo que pensaba
mis sentidos regresaron
de su destierro, 
purificados,
afinados como un Stradivarius.

Me noté preparado
y crucé los océanos
para ver a otros
bajo el signo de una luz ya vista.
Perdí la razón, y no sé como
volvió el encanto...
Se tocaron la noche y el día
y el fuego y el agua,
feneció la discordia
y los locos estuvieron cuerdos.
Volví a ser un niño
y me sentí elegido,
el mejor de los hombres,
el más bueno.
Por esto,
mañana como hoy
llegaré al Sol
y me deslizaré por el Arenal
y las Hileras del tiempo,
por sentir sobre mi rostro
el frescor de tu Flora,
tan frondosa, tan rizada.

Este es mi camino.

martes, enero 26, 2010

A la puta que llevó mis poemas

Algunos dicen que debemos eliminar del poema
los remordimientos personales,
permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero
¡POR DIOS!
¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!
¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores!
¡Es intolerable!

¿Tratas de joderme como a los demás?
¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero?
Usualmente lo sacan de los dormitorios y de los pantalones borrachos y enfermos
en el rincón.
La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de 50,
pero no mis poemas.

No soy Shakespeare
pero puede ser que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros.
Siempre habrá dinero y putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba,
pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas:
veo que he creado muchos poetas pero no mucha poesía.



martes, enero 05, 2010

Sidi Kaouki

Nor, el bereber, era domador de caballos. Sus dos monturas árabes y un pastor alemán eran su familia en Sidi Kaouki, donde había arribado hacía no más que unos meses desde la vecina Agadir -una ciudad nueva, en el sur, con muchas oficinas- según entendía el propio Nor. La caravana a caballo y camello había abierto el apetito. Los guías nos condujeron por la orilla de la playa pura y cuando las bestias remontaron la ladera de aquella duna empinada que un día más se erguía ante ellas y el movimiento de sus cuerpos perfeccionados justifaba sentir la biología como la verdadera religión en este mundo, contemplamos la frente de la costa africana, bregando poder a poder con un Atlántico impetuoso, ilustrando la infinita y salvaje armonía elemental ante la que los mortales entregamos nuestras mundanas aspiraciones, postrándonos. Regresé por un instante a aquella conversación del coche, surgida espontánemente una horas antes, cuando divagábamos sobre la percepción de la existencia del tiempo y amenizábamos la ruta de Marrakech a Essaouira con someras diatribas metafísicas. El caballo de Marcelo se había esforzado en desposeerle de su pose de americano impasible, ya frente a la hoguera esperamos al flaco, que volvía a pie con gesto de no sentirse precisamente amante de los equinos, y todos juntos metimos mano al generoso tajín de cabra que Nor había guisado con esmero para sus huéspedes. Sidi Kaouki fue para mi escuadra el único lugar del mundo aquella noche, una tregua al absurdo, un chispazo de galáctica mundología. Nos sentíamos arrebolados por un sensual misticismo.

Cuenta la tradición bereber que un hombre de Irak -no parecía trascender de qué credo para Nor- atravesó de este a oeste el desierto más grande del mundo espoleado por la voz de su destino. A muchas lunas de su jaima sus pasos le trajeron a Sidi Kaouki, donde el hombre supo que el camino para él había terminado y pudo hallar la paz que anhelaba su corazón. Como aquel hombre, Nor decía haberse encontrado a sí mismo en este lugar. Su conversación era vivaz y trascendente; nuestro anfitrión se expresaba en un inglés más que entendible aprendido durante un lustro en tierras de Irlanda. Fue allí donde Nor adquirió también un apreciable arte en los fogones. Abrimos un par de botellas, de ron y de güisqui, las cuales esperaban abnegadas el momento de ser liberadas de su carga espirituosa y conceder a los departidores que las compartieran el máximo de su locuacidad dipsómana. Nor, de modo previsible, optó por el escocés, y yo acepté el envite. Miré los ojos del Apoderado, su rostro peludo y aniñado se veía embellecido por la luz ígnea de la fogata que nos calentaba y que nos hizo sudar luego de varios lingotazos. Él era un camarada, alguien por quien te darías de hostias llegado el caso. Tres chavalas procedentes de Madrid se incorporaron a nuestro relajado concilio, y por un momento las maldije en mi interior al haberme hecho recordar que realmente aquel no era mi sitio, o al menos mi residencia habitual. Sellé mi paz con las chicas intercambiando algún combinado por algún hongo lisérgico que traían consigo -sépase que es común entre algunas almas jóvenes un gusto por intensificar de un modo empírico determinadas experiencias-, pero como era más que previsible en mi caso tras una larga jornada en el camino, si flipé sólo fue en sueños.

A menudo recuerdo aquella noche y aquella playa; pienso en Nor y en su bigote tupido y en la hospitalidad que es acervo de su pueblo. También pienso en Antón, que ese año marchó a Delhi en busca y captura de una mejor versión de si mismo. Personalmente, aquí sigo, recayendo en la fútil dialéctica del hogar y la residencia.