miércoles, septiembre 15, 2010

Gazpacho soup

Hoy has vuelto
a preparar gazpacho.
He sacado los tomates
rojos,
el verde pimiento
y el también verde pepino.
Los he lavado,
pelado,
posado en la encimera para ti.
Me has distraído.
En el sofá leías una carta.
Era de Jean, tu amiga.
Me gusta verte
sonreír de esa manera.
Me has dejado leer su poema
y no he entendido
un pimiento.
(debo practicar mi inglés)
Parece ser que también
llega el otoño a Nueva York.
Has terminado
el gazpacho
y hemos cenado.
A día de hoy
no me he enterado
cómo
se hace el gazpacho
de Harlem.
(y digo amén)

3 comentarios:

Fernando dijo...

Entonces me di cuenta de que tenía un amigo escritor.
No fue por su ágil verso, rítmico, intenso.
No era su profundo manejo de las palabras
mezcladas con briosa maestría,
armoniosa violencia.
Simples requisitos, susceptibles de ser suplidos
con trabajo y constancia.
Era escritor, y yo lo sabía, por el ácido hilo de su discurso
el resentido aliento de su verbo.
Discípulo de Poe, Kerouac, Bukowski.
Profeta de lo insoportablemente leve, oscuro, mugriento,
de nuestro tiempo.
Conocedor de lo insoportablemente bello, luminoso, brillante,
de nuestro viaje.

Aan dijo...

El de Fernando sí que es un buen biopic, Harry Haller ;)

Anónimo dijo...

Sacar de lo cotidiano un poema,
hacer versos de calidad suprema,
pulir a veces con descaro y otras con esmero, las gemas, que de tu mente salen al vuelo,
palabras ya creadas, aunque no hilvanadas con la gracia de tu pluma alada.
Será vivir la vida, como si de un instante fuera, lo que te habrá llevado a escribir de esta manera