martes, octubre 18, 2011

Cartas desde Tetuán IV

¡Oh Maestro!

Llevaba unos días debiéndote un verso. Dos años terrestres son poco tiempo en términos astrofísicos para hacer olvidar a un poeta la vivencias que atesora en su caja de zapatos de los recuerdos importantes. La vida ha cambiado bastante desde que te fuiste, la vida siempre está cambiando, cambia tanto o más que el agua de una cafetera. Es consabido que las cafeteras regalan mejor café cuantas más hayan sido las tazas servidas con su brevaje negro. Cuando tú y yo nos juntamos por causas y azares de la amalgama sociológica, ya gastabas un café delicadamente oscuro. He aprendido a identificar el buen café con su solo aroma. En tu caso, superada la fase de tanteo, constaté las excelencias señaladas por tu Flaco proveedor: ''Café Maestro, Café Excelso'' rezaba tu eslogan. Bastaron un par de sobremesas, tres noches pendencieras y no sé cuantas pachangas para que el poeta se declarase FAN de su negruzo sabor algecireño. Cuando te aventuraste en la apertura del mercado aussie, sentí pena amigo; estaba seguro de que nuestros intereses comerciales volverían a enlazarse, aunque no ya de la misma manera. Este verano estuvimos cerca, y si no se dio fue probablemente porque yo andaba sumido en la vorágine a la que pertenezco. A veces parece imposible sobrevivir a la vorágine. Rompí con todo cuando rompí con la Negra, rompí mi propia moldura. Aún hoy ando ensamblando los pedazos con pegamento de barra. La tarea ha sido dura de cojones. Lo del amor de verdad es una apisonadora, un juggernaut con peor pisada que el caballo de Atila. Yo antes no lo sabía. Ahora lo sé. Me vine a Barcelona después de un verano intenso en reencuentros y memorias. Otra mujer loca decidió por mi. Mis defensas son escasas ante el sortilegio femenino cuando es poderoso como una bola de fuego de veinte puntos de daño. Ando en busca de trabajo con telarañas en mis arcas. Bebo mucho café y a menudo me acuerdo de tí, del Flaco, del amigo Antón y del amamonao de Lucas. Sussie me llamó este verano para contarme que se lo había hecho con una ramera y reclamar su lugar en alguno de mis futuros libros. Espero que no le de por reclamar también beneficios. Turkoglu se fue a Londres (cosas del Lock Out) y nuestro Madrid sigue cambiando, con más túneles, bólidos y sevillanos que nunca. Madrid, esa palabra.

No sé que será de mí, pero como los maestros que me enseñaron sabré sobrevivir. Lo que peor llevo es la preocupación de los demás. No la merezco ni la necesito. Tú nunca me has preocupado amigo Vincent. Si todos los hombres de este planeta fueran como tú, habitaríamos posiblemente un mundo mejor. Mantente fuerte y siempre que sea necesario regala tu café. Aquí estaremos para beberlo solo y despacio. El mundo es nuestro.