viernes, abril 13, 2007

Sucede

A veces sucede que uno olvida todo lo que sabe, todo lo aprendido. Sucede que, inexplicablemente, bajamos la guardia para encajar un golpe que habíamos prometido no volver a recibir. Cuando creíamos, ilusos, tener una tangible aunque remota percepción de nosotros mismos, sucede que un cielo voluptuoso y macabro se cierne sobre los tenues fuegos fatuos de nuestra conciencia para viajarnos de nuevo a la originaria penumbra. Pero sucede que las sombras son seductoras. Su misticismo, tan sensual como peligroso y dañino, conduce a las revelaciones más verdaderas de uno mismo; como si sólo pudiéramos ya avanzar a través de escarpados senderos, de caminos sinuosos y oscuros tras los que aguardan las migajas de una verdad siempre insatisfecha.

Y sucede que es entonces cuando más seguros estamos de nuestra existencia. Como si el miedo y el desconcierto se erigieran en la esencia, en la fuerza motriz de la propia vida. A veces sucede. Y entonces, por mucho que la razón se obceque en arrebatarnos de los amenazantes brazos de las sombras con la relampagueante ilusión de aquello que creemos ser, sucede que nuestra carne desobedece sumergiéndose desnuda e indefensa en el más abisal de los mundos, aquel que quizá esconda el sentido último de nuestra historia.

2 comentarios:

Mónica dijo...

Sucede, que realmente no sabemos nada. Porque nada aprendemos!!! Yo desde luego no aprendo.
Pero supongo que siempre es mejor ser consciente de que realmente no sabemos nada, y no controlamos nada, no pensar que no nos volverá a suceder... porque luego, cuando vemos la realidad, nos damos de bruces.

Hoy me siento especialmente identificada con tu entrada, aunque ya la había leido... Ya sabes.

Gracias por estar ahí. Yo también lo estoy, espero que lo sepas. Un beso

Harry Haller dijo...

Girando como una noria, girando como una noria...Sucede que los días van pasando y ella no está, la vida va pasando y ella no está...

Aquí estaré