martes, enero 05, 2010

Sidi Kaouki

Nor, el bereber, era domador de caballos. Sus dos monturas árabes y un pastor alemán eran su familia en Sidi Kaouki, donde había arribado hacía no más que unos meses desde la vecina Agadir -una ciudad nueva, en el sur, con muchas oficinas- según entendía el propio Nor. La caravana a caballo y camello había abierto el apetito. Los guías nos condujeron por la orilla de la playa pura y cuando las bestias remontaron la ladera de aquella duna empinada que un día más se erguía ante ellas y el movimiento de sus cuerpos perfeccionados justifaba sentir la biología como la verdadera religión en este mundo, contemplamos la frente de la costa africana, bregando poder a poder con un Atlántico impetuoso, ilustrando la infinita y salvaje armonía elemental ante la que los mortales entregamos nuestras mundanas aspiraciones, postrándonos. Regresé por un instante a aquella conversación del coche, surgida espontánemente una horas antes, cuando divagábamos sobre la percepción de la existencia del tiempo y amenizábamos la ruta de Marrakech a Essaouira con someras diatribas metafísicas. El caballo de Marcelo se había esforzado en desposeerle de su pose de americano impasible, ya frente a la hoguera esperamos al flaco, que volvía a pie con gesto de no sentirse precisamente amante de los equinos, y todos juntos metimos mano al generoso tajín de cabra que Nor había guisado con esmero para sus huéspedes. Sidi Kaouki fue para mi escuadra el único lugar del mundo aquella noche, una tregua al absurdo, un chispazo de galáctica mundología. Nos sentíamos arrebolados por un sensual misticismo.

Cuenta la tradición bereber que un hombre de Irak -no parecía trascender de qué credo para Nor- atravesó de este a oeste el desierto más grande del mundo espoleado por la voz de su destino. A muchas lunas de su jaima sus pasos le trajeron a Sidi Kaouki, donde el hombre supo que el camino para él había terminado y pudo hallar la paz que anhelaba su corazón. Como aquel hombre, Nor decía haberse encontrado a sí mismo en este lugar. Su conversación era vivaz y trascendente; nuestro anfitrión se expresaba en un inglés más que entendible aprendido durante un lustro en tierras de Irlanda. Fue allí donde Nor adquirió también un apreciable arte en los fogones. Abrimos un par de botellas, de ron y de güisqui, las cuales esperaban abnegadas el momento de ser liberadas de su carga espirituosa y conceder a los departidores que las compartieran el máximo de su locuacidad dipsómana. Nor, de modo previsible, optó por el escocés, y yo acepté el envite. Miré los ojos del Apoderado, su rostro peludo y aniñado se veía embellecido por la luz ígnea de la fogata que nos calentaba y que nos hizo sudar luego de varios lingotazos. Él era un camarada, alguien por quien te darías de hostias llegado el caso. Tres chavalas procedentes de Madrid se incorporaron a nuestro relajado concilio, y por un momento las maldije en mi interior al haberme hecho recordar que realmente aquel no era mi sitio, o al menos mi residencia habitual. Sellé mi paz con las chicas intercambiando algún combinado por algún hongo lisérgico que traían consigo -sépase que es común entre algunas almas jóvenes un gusto por intensificar de un modo empírico determinadas experiencias-, pero como era más que previsible en mi caso tras una larga jornada en el camino, si flipé sólo fue en sueños.

A menudo recuerdo aquella noche y aquella playa; pienso en Nor y en su bigote tupido y en la hospitalidad que es acervo de su pueblo. También pienso en Antón, que ese año marchó a Delhi en busca y captura de una mejor versión de si mismo. Personalmente, aquí sigo, recayendo en la fútil dialéctica del hogar y la residencia.

jueves, diciembre 24, 2009

Tanka navideña

Regreso a casa
en Nochebuena, Madre,
sé que me esperas.
Regálame tus brazos
y tu sopa hirviente.

martes, noviembre 17, 2009

Esnob

Si entendemos la vida como una aventura mimética, como un ejercicio permanente de imitación y adopción de ideas y comportamientos que elegimos o nos son impuestos por nuestros modelos o referentes más cercanos, y que en la mayoría de los casos no derivan en una manifestación de inequívoca originalidad más allá de la entredicha individualidad de cada ser humano; si admitimos el sentido histórico de nuestra vida, que nos une indefectiblemente a quienes ya pasaron y a los que están por venir, y que nos invita a un amplio aprovechamiento de nuestra breve estancia en este mundo; si sentimos este aprovechamiento como un compromiso indispensable para con nosotros mismos en el sentido en que nuestra mayor o menor capacidad crítica nos aleja o acerca a determinadas ideas y comportamientos y configura nuestro personal patrimonio cognitivo, verdadera riqueza de los seres pensantes; si detestamos la abulia intelectual y emocional, no por pretensión o vanidad, sino por la conciencia de que el conocimiento y la sensibilidad son indispensables para liberarnos del determinismo materialista que rige la época que nos ha tocado en suerte. Si combatimos manifiestamente la estulticia y la ignorancia, aún sabiéndonos ignorantes, mediante el ejercicio del don sagrado del lenguaje, y por ello nos diferenciamos de esos que dicen ser nuestros congéneres; si por todo lo expuesto se nos tacha de clasistas, elitistas, o esnobs como consecuencia del respeto que mostramos por el concepto que tenemos de nosotros mismos, se nos hace inevitable no sentir la supuesta ofensa como un halago.

viernes, septiembre 11, 2009

The Electric Cows

Para ellos jugar lo era todo. Nunca en la vida se habían considerado tipos con suerte pese a que alguno la tuvo, indudablemente, al conseguir huir de su tierra muerta. Si he de serte sincero, yo sí creo que tuvieron bastante fortuna al encontrarse. ¿Has pensado alguna vez en cuál es la razón por la que en la vida nos cruzamos con determinadas personas y no con otras? No me refiero a toda esa mierda simplificadora de las tribus urbanas y los nichos de mercado; esa basura pseudointelectual inventada posiblemente por algún publicista y turista habanero de los que salen los viernes noche a eyacular verbalmente su basura pseudocreativa y fardar de patrimonio con dos zorritas comebolsas, a las que probablemente se zumbará si les paga los vicios. Yo te hablo de la vida de verdad, amigo; de esa clase de influjo cósmico que hizo que Bob, y no el memo de Bill, decidiera que ibas a ser su colega en el colegio; de la potra que tuviste cuado Jean se aventuró a agarrarte el paquete para convertirte en el primer hombre con el que exploraba los resbaladizos y cálidos caminos del otro (es anecdótico que ella se sintiese especialmente motivada luego de haberse mojado el pico con media botella de José Cuervo); o cuando expulsaron de la facultad al pobre de Marcus, al que el Dr.Winnipeg cazó con aquellas chuletas para el examen de Tª y Estructura de la Lengua Española el mismo año que os graduabáis. Ni siquiera tuviste la decencia de no sacar un sobresaliente, aún cuando habiáis preparado juntos el examen y portabas las mismas ayudas. Es más que evidente que existe una pizca de azar en nuestras vidas, algo que debe sacar de quicio a esa clase de personas que buscan tenerlo todo bajo control, pero aún lo es más que la suerte, mala o buena, sazona más unas vidas que otras.


Cobi y Wesam chocaron unos meses antes de que comenzaran a hacerlo en la cancha. Fue mera cuestión de suerte que Cobi pasara junto a la calle Ministriles Chica aquella madrugada del 17 de noviembre. Venía del centro, de Preciados, donde había estado escudriñando el material que preveía comprar en las rebajas de aquel año de víricas vacas flacas. Se había citado con Marita, una romana erasmus a la que llevaba un mes intentando metérsela. De a vuelta casa, mientras se maldecía interiormente por la escasa cobertura logística con la que contaba para mitigar con aquella monada los ardores propios de su edad, reparó en un par de negratas de espaldas anchas como vigas, que parecían emplearse a fondo en dar a conocer a un moro enjuto y ligeramente mugriento el humano arte de la coacción. Nada nuevo en el barrio, pensó Cobi para sí. Iba a pasar de largo, ignorando a conciencia a los dos hermanos, al morito, y a cualesquiera que fueran sus trapiches, cuando el destello de un cuchillo de hoja generosa y hambrienta enroscado en la diestra de uno de los maromos le liberó súbitamente la adrenalina. Desconozco el origen de esa razón cósmica que hizo que Cobi, aquella noche de otoño, no eligiera la salida fácil, cómoda, objetivamente segura, en lugar de tomar partido por un tipo al que no había visto nunca antes en su vida y jugarse la garganta con dos sujetos de su raza que parecían directamente arrancados de una balacera en Newark, pero estoy seguro de que Wesam, por segunda ocasión en aquel año, sintió la certeza de que existía una deidad benefactora que posponía de nuevo su encuentro con Caronte.

jueves, septiembre 03, 2009

La presencia

Dices mi amor - el pasado no existe- y me escucho en tus palabras. Me planteo la semántica del verbo. Existir. Me asalta la taquicardia de los textos, la incesante inspiración de las referencias: son por lo general ánimas extrañas que viven en las letras; existen en compilaciones arbóreas, hoy también cibernéticas, en 26 caracteres y signos de puntuación. Transfigurados me alcanzan los filósofos no existentes pero sí presentes, como el hombre ucraniano al que una suicida mata al tirarse de un octavo en Barcelona, ridículamente ya inexistente; como la asolada presencia de un seísmo en Yakarta, devastador pese a lo efímero de su existencia. Observo las dos fotografías de mi madre capturadas hace más de 20 años, de mi madre con el significante hermoso de la juventud, una cáscara de un pasado que fue presente y que cuelga de mi pared. Dice Punset, - no sabemos si el tiempo existe, pero si sabemos que nos deteriora – Vuelvo a la mirada densa de mi madre y su apacible indiferencia me inquieta. Jamás la vi así, más existe rectangularmente, en un perecedero soporte que contiene un carnaval de significados. Pesado pasado pesado. La aliteración me oprime el pecho de un modo físico: el pasado no existe, pero está presente. Pienso en mi pasado, en el pasado de mi madre, y en el pasado de su pasado, y reparo en la inquebrantable presencia de la memoria. La existencia está sobrevalorada; no es más que un dolor de piernas y la reiteración de la rutina fisiológica. Es absolutamente nuestra - creo en eso -, pero en la propiedad está su límite. En cambio, nuestra presencia se proyecta más allá de nuestra propia vida pues no nos pertenece; está atomizada en cada uno de aquellos para los que somos o hemos sido alguien, del mismo modo que guardamos con nosotros una porción de sus presencias, con mayor o menor ánimo de lucro. Si la existencia se da hasta una fecha, la presencia soslaya la violencia simbólica del tiempo calendario y las kilométricas murallas de la geografía. Ni siquiera la Parca deshila la red mística que se hilvana con la bobina de la vida propia.


Se existe hasta un momento, como un momento duran el orgasmo o la victoria. Hace una década llegó ese momento para mi abuelo, un hombre que me enseñó el inenarrable placer que habita oculto en la generosidad. Era mi abuelo un señor y un caballero, aunque es más que probable que se encontrara a lo largo de su vida con situaciones que le hicieron cuestionarse su gallardía. No importa. Su presencia, al menos como alcanzo a recordarla, me era devuelta tal y como yo la sentía al ver su reflejo en los ojos de otros. Abuelo querido, qué caudal humano el tuyo, qué destello saberme tu prole.


Recuerdo la última tarde de mi abuelo. Yo le miraba tumbado en el sofá y él contemplaba la luz en el cielo que acariciaba su cara triste, coloreándola con el pigmento ocre de su Maestranza adorada. Me dijo algo, y pasé mi mano sobre su solemne calva. Me irritó la escasa capacidad de síntesis de la existencia, su absoluta inutilidad a la hora de transmitir la verdadera dimensión de una persona. No supe que esa había sido la última tarde con mi abuelo hasta la mañana siguiente. Abruptamente tomé conciencia de la finitud de la carne, y entendí nuestra fortuna como hombres al trascender como seres pluripersonales: la muerte no sesgó la vigencia de mi abuelo ni su torería. Dices mi amor, - el pasado no existe -; puede, pero el pasado es presente.

miércoles, agosto 19, 2009

0

Quizá estés a tiempo de comprarte
un puzle nuevo; deshaz tus pasos
malhechores, pierde el equipaje
con las prendas del verano pasado.

Reescribe tu currículum vítae:
tacha los (d)años, omite lo malo
también lo bueno, reinvéntate,
empieza, inalcanza lo ya alcanzado.

Cambia de casa, borra tu nombre,
tu apellido, tu sexo (ahora se puede).
Rompe el molde que corrompe
aquello que eres; busca, descubre
el secreto que te reconcome,
dibuja al fin la verdad que quieres.

sábado, agosto 15, 2009

La lucha de Jacob

No puedo resumir en pocas palabras lo que el extraño músico Pistorius me enseñó sobre Abraxas. Lo más importante que aprendí de él fue a dar un nuevo paso en el camino hacia mí mismo. Yo era entonces, con mis dieciocho años, un chico poco corriente, precoz en unos sectores y muy retrasado y desorientado en otros. Cuando me comparaba con los demás, me sentía unas veces orgulloso y satisfecho de mí mismo pero otras deprimido y humillado. Unas veces me consideraba un genio, otras un loco. No conseguía compartir las alegrías y la vida de mis compañeros, y me hacía reproches y cábalas como si estuviera irremediablemente separado de ellos y se me negara la vida.
Pistorius, que era un extravagante declarado, me enseñó a tener valor y respeto de mí mismo. Él me dio ejemplo encontrando siempre algo valioso en mis palabras, sueños, fantasías y pensamientos, que tomaba siempre en serio y discutía con interés.
-Me ha dicho usted que le gusta la música porque no es moral. De acuerdo. ¡Entonces, no tiene usted que empeñarse en ser moralista! No debe compararse con los demás; y si la naturaleza le ha creado como murciélago, no pretenda ser avestruz. A veces se considera raro, se acusa de andar por otros caminos que la mayoría. Eso tiene que olvidarlo. Mire al fuego,observe las nubes; y cuando surjan los presagios y comiencen a hablar las voces de su alma, entréguese usted a ellas sin preguntarse primero si le parece bien o le gusta al señor profesor, al señor padre o a no sé qué buen Dios. Así uno se estropea, desciende a la acera y se convierte en fósil. Querido Sinclair, nuestro dios se llama Abraxas, y es dios y diablo; abarca el mundo oscuro y el claro. Abraxas no tiene nada que objetar a ninguno de sus pensamientos, a ninguno de sus sueños. No lo olvide. Le abandonará el día en que sea normal e intachable. Le olvidará y se buscará una nueva olla donde cocer sus ideas.-

Demian

lunes, agosto 03, 2009

Essays on Men and Manners

''Virtues like essences, lose their fragance when exposed. They are sensitive plants, which will not bear too familiar aproaches"

William Shenstone

miércoles, junio 17, 2009

El ídolo

Ora como criatura de piedra, ora como ondulación herciana (señalización digital en adelante), el ídolo se asienta en el limbo sacro del imaginario colectivo. Si bien su sustancia es humana, no lo es tanto su proyección, su imagen impresa en los ojos del mundo. Los insignificantes lo devoramos con frenesí vampírico, saciando nuestra intrascendencia, atisbando en su grandeza refleja aquello que ni somos ni seremos -no podemos serlo todo-. Hay ídolos que se saben ídolos y otros que se saben menos, pero es la idolatría como la belleza, subjetivamente objetiva; cedemos o no a la fascinación del ídolo, al brillo de su espada que embebece, al arrebatador veneno de su genio.

Cualquier hombre tiene un ídolo como cualquier corazón sangra, pues no hay pupilo sin maestro ni existe un amor yermo de lágrimas. Más sé cauto cuando idolatres, deísta en la devoción que profeses. Hoy, los dioses no son astros, colosos dorados o leyendas mágicas; son otros que sudan y que sueñan y que también tuvieron un ídolo que yace hondo, pese a las estatuas. Idolatra a tu madre y tu padre, verdaderos portadores del misterio, caigan las veces que caigan –no te quepa duda que tú también caerás algún día- y por pequeñas que sean sus hazañas.

Huye del circo de los bufones engrandecidos, su carisma no es más que una efímera farsa, y admírate por los caminos, por los sabios humildes, por la bondad y por la fragua. Pocos ídolos sobrevivirán a tus años, los más escasos derrotarán las edades y resplandecerán como estrellas celestes, por ser humanos, fieramente humanos. Idolatra el aire antes que el oro, la risa frente a la gloria, la amistad, el amor: principio y fin de todas las cosas.

Y si alguna vez eres tú a quien aclaman, las huestes, las hordas, las masas, cerciórate de que exista motivo digno en tu alma. Si así es toma asiento, mejor en el reconfortante frescor de la sombra, y da gracias porque uno sólo haya encontrado una verdad para él en tu obra.

martes, junio 16, 2009

Nihil

Qué entusiasmo por agarrar lo que resuena, el Rock and Roll velloso de los años. Es mejor arder que apagarse lentamente, nena, no te apagues. Hazle caso a Neil. Neil sabe lo que es cantar. Neil está ahí, redargüido contra la nada, nihil, Neil, nihil. Seremos fluido en su madera huracanada, y volveremos a sentir aquello, aquello bueno que tú y yo sabemos. Jubilosos cachorros incandescentes.

jueves, mayo 21, 2009

La Poesía es un arma cargada de Futuro



Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Gabriel Celaya

miércoles, abril 22, 2009

Conversaciones II

¿Para qué vivir si puedes trabajar? Cada mañana de lunes a jueves, los viernes siempre han sido caso aparte, padezco una aflicción que gusto de denominar el síndrome de la hormiguita. Me explico. Cada mañana bien temprano bajo a las profundidades del suburbano madrileño con la estampa de un ser del inframundo, tránsfuga de alguna película de George Romero. Ahí, bajo el suelo, experimento en el albor de cada día mi primer contacto con la vida humana, con mis congéneres. Todos compartimos un movimiento automatizado, mecánico; caminamos en la certeza de estar reproduciendo los mismos pasos que la mañana anterior y en la asunción de que debiera arder Troya para que en el probable mañana no repitiéramos la secuencia. No puedo evitar sentirme algo miserable por el mecanicismo que gobierna nuestra existencia en los días laborables, y esta sensación alcanza su momento álgido en el trasbordo de una parada que me separa de mi mesa de oficinista con forma de bumerán. En la generalmente breve espera del tren ligero que siempre va cargado me observo junto a mis iguales, hacinados en la azulejada orilla de un arroyo de cemento surcado por raíles, mientras los bostezos, las legañas y las caras mustias definen la escena. Pienso en Baudalaire, en las hormigas y en nuestro hormiguero de paredes satinadas, y en por qué me resultará tan espantoso ser un hombre útil.

Dice mi amigo Chayán, mi antagonista filosófico, que es necesario hacer algo productivo por la sociedad, que aporta sentido vital servir para algo. Lamentablemente sacio mis ínfulas trascendentales con este blog y dudo, para ser sincero, que cualquiera de los quehaceres que me son impuestos a diario me conduzca al olimpo de los grandes hombres o a una suerte de realización ontológica. Soy siquiera un insecto himenóptero, una obrera doméstica no invasora que preferiría explorar a tener que llevar comida al hormiguero. Temo se me considere un apologista de la gandulería, un burgués con vocación festiva (Ignavis semper sunt feriae), pero me es complicado, por más que me esfuerzo, hallar la armonía entre los actos del vivir y el trabajar en este hormiguero monetarista y globalizado. Termodinámicamente, podríamos definir la ausencia de vida como la imposibilidad de realizar trabajo; yo, que siempre he estado mucho más interesado en la lira que en la física, me aventuro a definir la ausencia de vida como la imposición sistemática de jornadas laborales que consuman la mitad del día terrícola. Parafraseando a mi amigo Jules, no es que aborrezca trabajar doce o más horas diarias, es que tampoco soportaría follar las mismas todos los días o asistir una tarde tras otra, en un bucle infinito, al Festival de Coachella.

martes, marzo 17, 2009

Bones...

An angel whispers my name,
but the message relayed is the same:
“Wait till tomorrow,
you'll be fine."
But it's gone to the dogs in my mind.
I always hear them
when the dead of night
comes calling to save me from this fight.
But they can never wrong this right.


Cuando me vuelvo para miralos, los días de mi juventud parecen huir de mí como una ráfaga de pálidos desechos reiterados, semejante a esas nevadas matinales de pañuelos y toallitas de papel que ve arremolinarse tras la estela del convoy el pasajero que contempla el panorama desde el coche mirador de un gran expreso...

Humbert Humbert

viernes, enero 23, 2009

The Wild Bunch


Peckinpah´s The Wild Bunch is worth watching because the cowboys in it have nowhere to go to. They´re older and they don´t have to make it anywhere because where they are is all there or rather the end of a genre. Theirs is not the Old Testament-no journey to take; nothing promised; no land to land in-. For them, life and death are simultaneously equal and present. The simultaneity of the living who are already dead is filmed as sexy.
Peckinpah gives the final shoot-out in which they all die a kind of orgasmic rush that releases all of us from the cinematic or,more accurately, the American fantasy that we will survive no matter what. Though they are handsome, white, leading men not dressed all in black, he literally shoots the life out of all anticipatory leanings. Once the orgasm is over we can just lie back, close our eyes, and relax, though we are neither liberated nor fulfilled. They are dead, finished, no American fantasy can help them now.


martes, enero 20, 2009

I

Camino de la playa en Cádiz,
Habana con más salero,
pensaba en esa boca tuya,
en tus ojos rasgados
rebosantes de cariño,
en la ondulada vorágine
de tu pelo vivo.
Miro a lo alto
y dibujo tu cara
que rompe las nubes blancas
con la purpúrea mansedumbre
del último sol de la tarde.
Entonces te amo.

miércoles, diciembre 17, 2008

A Joan

Escuchaba esta 'cansión' cansinamente cuando decidí dejar mi casa y marchar a la capital, donde al poco nos encontramos. Aún hoy la sigo escuchando cuando la duda me asfixia y vapulea los pensamientos bonitos y utópicos, la puta paja de la que hablas sin la que no serían concebibles canciones como ésta. El camino está lleno de cruces y voces que nos llaman y es decisión nuestra sortearlas o seguirlas; predecir donde vamos resulta tan angustioso como revelador es recordar cuanto arrastramos. La mutabilidad de nuestros pensamientos, de nuestra propia vida, no debe hacernos olvidar quienes somos ni quienes fueron en nosotros. El resto es vanidad, baladí, la puta paja.

lunes, noviembre 17, 2008

Sobre la fotografía I

A Child Crying, Diane Arbus (New Jersey, 1967)

El límite del conocimiento fotográfico del mundo reside en que, si bien puede acicatear la conciencia, en definitiva nunca puede ser un conocimiento ético o político. El conocimiento obtenido mediante fotografías fijas siempre consisitirá en una suerte de sentimentalismo, sea cínico o humanista. Será un conocimiento a precios de liquidación: un simulacro de conocimiento, un simulacro de sabiduría, como el acto de fotografiar es un simulacro de posesión, un simulacro de violación. El silencio mismo de lo que, hipotéticamente, es comprensible en las fotografías constituye su atractivo y provocación. La omnipresencia de las fotografías ejerce un efecto incalculable en nuestra sensibilidad ética. Al poblar este mundo ya abarrotado con su duplicado en imágenes, la fotografía nos persuade de que el mundo está más disponible de lo que está en realidad.

La necesidad de confirmar la realidad y dilatar la experiencia mediante fotografías es un consumismo estético al que hoy todos son adictos. Las sociedades industriales transforman a sus ciudadanos en yonquis de las imágenes; es la forma más irresistible de contaminación mental. El anhelo profundo de belleza, de un término al sondeo bajo la superficie, de una redención y celebración del cuerpo del mundo, todos estos elementos eróticos se afirman en el placer que nos brindan las fotografías. Pero también se expresan otros sentimientos menos liberadores. No sería erróneo hablar de una compulsión a fotografiar: a transformar la experiencia misma en una manera de ver. En lo fundamental, tener una experiencia se transforma en algo idéntico a fotografiarla, y la participación en un acontecimiento público equivale cada vez más a mirarlo en forma de fotografía. El más lógico de los estetas del siglo XIX, Mallarmé, afirmó que en el mundo todo existe para culminar en un libro. Hoy todo existe para culminar en una fotografía.

martes, octubre 14, 2008

Los Amantes

¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.

Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.

viernes, septiembre 19, 2008

Conversaciones I

Tengo la extraña sensación de que todas las demandas que me asaltan respecto a mi vida no son más que un cliché pautado, la más sofisticada forma de esclavismo. Tienes que estudiar, estudiar y estudiar, y volver a estudiar para estar preparado; una vez lo estés deberás volver a estudiar y especializarte y devolver a la Matriz todo lo bueno que ella te ha dado. No te tuerzas, y si lo haces ten esto presente, pues correrías el riesgo de ser un apestado. Eres libre de serlo, pero es objetivo que nadie desea ser un apestado.
Es ahí cuando sientes ser esclavo de ti mismo, de la verdad central heredada por los siglos de los siglos, de la moral y las expectativas que vertebran tu verdad y que te azotan como un látigo cuando osas explorar la oscuridad de tu corazón y que intuyes en todos los otros. Llegados a este punto, comienzas a ver y escuchar y te yergues para aprender a andar, siempre sólo, pues se camina en soledad aún cuando hay otros a tu lado o asidos de tu mano, y empiezas a entender qué es ser un hombre, no más o menos, mejor o peor, mediocre o brillante, un hombre nada más. Hombre de caña que piensa, ríe y ama, come, calla, durme, llora y caga y que, como cualquier otro, terminará. Perdiendo exactamente lo que todos y cada uno de los hombres pierden al terminar.

Yo hace un tiempo sentí ésto y ahora te lo digo a tí, amigo, que eres al menos tan consciente como yo de lo que ocurre.

martes, septiembre 09, 2008

Sturm

Cántame de nuevo flaca
en esta noche de tormenta.
Qué no me duerma ya jamás
sin el son vivo de tu voz negra.

Dime esa nanita caribeña,
oda santa de azúcar de caña.
Dímela allí desde tu tierra
que llegas, suenas, canta.

Esta noche no habrá guerras
se oxidarán todas las armas,
ni miedo habrá a la tormenta
en New York o en Casablanca
en Sevilla o en Cartagena
porque eres tú la que canta.

jueves, agosto 28, 2008

Concupiscencia I

He abandonado el onanismo sistemático del mono loco, la práctica masturbatoria y recreativa engendrada por la mera costumbre del que yace solo, hija oscura e inconfesable del tedio, narcótica huida malcomplaciente de una oquedad tan mía como sus manos cómplices. Soñar es más verdad que ver por los ojos o eyacular desaforado. No te extraño, acaso te recuerdo, te encuentro en la diaria muerte, en el laberinto intermitente del reino de Morfeo donde te cojo y te recojo y te beso entre las piernas por delante y por detrás con mi lengua bífida interminablemente, cunnilingus literario y polícromo: ámbar, ébano, pardo, rojizo, laurel, castaño, canela, avellana, gamuza, tabaco, alheña, bronce, platino, melocotón, ceniza, fuego y gris ratón son los colores de tu coño. Te plazco a duermevela y me descubro desnudo una noche tras otra, imposiblemente tendido boca abajo mientras jadeo salivoso como un perro pauloviano, y te pienso a lo lejos y te siento temblar como la luna en el agua. Me rehabilito, me cura el alma volver a follarte...heal me my darling, heal me, my darling...

martes, agosto 26, 2008

La llamada de la selva

Hay un éxtasis que señala la cúspide de la vida, más allá de la cual la vida no puede elevarse. Pero la paradoja de la vida es tal que ese éxtasis se presenta cuando uno está vivo, y se presenta como un olvido total de que se está vivo. Ese éxtasis, ese olvido de la existencia, alcanza al artista, convirtiéndolo en una llama de pasión. Alcanza al soldado, que en el ardor de la batalla ni pide ni da tregua, y alcanzó a Buck que corría al frente de la jauría lanzando el atávico grito de los lobos y pugnando por atrapar la presa que huía a la luz de la luna. Estaba surcando los abismos de su especie y de las generaciones más remotas, estaba retornando al seno del Tiempo. Estaba dominado por el puro éxtasis de la vida, por la oleada de la existencia, por el goce perfecto de cada músculo, de cada articulación, de cada nervio, y todo era alborozo y delirio, expresión en sí misma del movimiento que lo hacía correr triunfante bajo la luz de las estrellas y sobre la materia inerte y helada.

jueves, agosto 07, 2008

Desiderata

Camina plácido entre el ruido y la prisa y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio. En cuanto te sea posible y sin rendirte, mantén buenas relaciones con todas las personas. Enuncia tu verdad de una manera serena y clara; y escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante; también ellos tienen su propia historia. Esquiva a las personas agresivas y ruidosas, pues son un fastidio para el espíritu. Si te comparas con los demás, te volverás vano y amargado, pues siempre habrá personas mas grandes y mas pequeñas que tú. Disfruta de tus éxitos lo mismo que de tus planes. Mantén el interés en tu propia carrera por humilde que sea, ella es un verdadero tesoro en el fortuito cambiar del tiempo. Se cauto en los negocios, el mundo esta lleno de engaños; mas no dejes que esto te deje ciego para la virtud que existe. Hay muchas personas que se esfuerzan por alcanzar nobles ideales, y por doquier la vida esta llena de heroísmo. Se sincero contigo mismo. En especial, no finjas el afecto; tampoco seas cínico en cuanto al amor; pues en medio de todas las arideces y desengaños, es perenne como la hierba. Acata dócilmente el consejo de los años, y abandona con donaire las cosas de la juventud. Cultiva la firmeza del espíritu para que te proteja en las adversidades repentinas, pero no te afligas imaginando fantasmas. Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad. Sobre una sana disciplina se benigno contigo mismo. Tú eres una criatura del universo, no menos que las árboles y las estrellas; tienes derecho a existir. Y sea que te resulte claro o no, indudablemente el universo marcha como debiera. Por eso debes estar en paz con Dios, cualquiera que sea tu idea de Él, y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones. Coserva la paz con tu alma en la bulliciosa confusión de la vida. Aún con toda su farsa, penalidades y sueños fallidos, el mundo es todavía hermoso. Sé alegre. Esfuérzate por ser feliz.

jueves, julio 17, 2008

Vuelta

Miraba a un lado y a otro, un tanto agobiado. Cogió un pequeño papel gastado del suelo, lo miró un par de veces y lo escrutó como si leyese un antiguo códice. Volvió a tirarlo, dejándolo abandonado en el suelo en el que se encontraba segundos antes. Alguien le empujó levemente, un simple roce en el hombro sin importancia alguna que le hizo estremecerse. Un escalofrío gradual le recorrió lentamente.

Gentes que corrían hacía puntos diversos, rápidas, con objetivos fijos, la mañana en la ciudad era de ese modo. No había lugar alguno para la contemplación, olvidada compañera del hombre. No era bueno pararte a pensar en nada, podrías perder el metro.

Llevaba cerca de diez minutos en la puerta de aquel edificio. Era del tipo de cristal que parece un espejo, con un tono azul oscuro metalizado, ese que hace que te quedes fijamente mirándote como un imbécil antes de entrar. Un edificio áspero y huraño, no quería dejar intuir lo que se esconde en su interior.

Ese era su lugar de trabajo, su oficina podría ser llamado. Trabajaba allí hacía cerca de un año. El primer día le pareció un sitio interesante, un lugar importante donde trabajar. Había hecho un máster el año anterior allí en Madrid y comenzaba entonces una nueva etapa totalmente diferente a cualquier otra, entraba en contacto con el mundo del trabajo, de la empresa, comenzaba a formar parte del engranaje. Carreras siempre, para llegar a tiempo, para llegar más alto, para engordar antes la cuenta del banco. Eres lo que corres, no te pares.

En la ciudad en la que estudió, en la que creció y se hizo una persona, todo era más pausado, al menos lo parecía en el momento de la vida que le tocó vivir allí. Podías llegar tarde a la mayoría de los sitios, y siempre te esperaba un amigo. En aquella ciudad aprendió que uno tiene que correr para sí mismo, sin mirar lo que corren los demás, lo demás es vanidad y la diferencia entre ser libre o un esclavo.

Empujó la puerta de cristal y se dirigió hacia el ascensor que se encontraba a la izquierda, había que pasar delante del de seguridad. Lo saludó haciendo un pequeño ademán con la mano derecha, entre un saludo y el gesto de llamar a un taxi. El ascensor se llenó rápidamente, cinco o seis caras conocidas. Intercambió unos buenos días; gastados le parecieron.

En su oficina estaban, como día tras día, a la derecha María y Eusebio, enfrente junto a la ventana, Luis. –Buenas-, varias horas frente al ordenador, correos que responder, un poco de periódico digital, teléfono, eso le esperaba aquella mañana.

Se sentó en su silla gris de ruedas giratorias y respaldo que se inclinaba al apoyarse sobre él. Comenzó a leer algunos correos electrónicos, tenía sueño, estaba cansado muy cansado. Una suave música sonaba a lo lejos, parecía que alguna voz la acompañase cantando, sí alguien cantaba. En italiano, debía ser italiano. Una voz grave y asentada de tenor, las eres eran sonoras y vibrantes, la música deliciosa. Era una ópera. Decidió ir a buscar la fuente de aquella maravillosa música y se levantó. Era extraño sus compañeros no estaban. -Quizás sea Mozart- pensó. Salió al pasillo enmoquetado, no había nadie. La música parecía provenir de más arriba. El ascensor no funcionaba, subió por la escalera pensando que era la primera vez que la utilizaba. Siguió subiendo hasta la última planta, la música venía de arriba. Se encontró con una puerta de metal pintada de verde con una barra horizontal que servía de picaporte cerrándole el paso. Empujó la barra forrada de plástico rojo. El cielo por completo azul lo dejó anonadado durante unos segundos, el color le envolvió mientras escuchaba aquella música.

Nunca había estado en la azotea, era mucho mejor de lo que hubiese podido imaginar alguna vez, estaba repleta de frondosas plantas, había macetas con flores por todas partes, azules, rojas, amarillas, moradas. No recordaba un jardín como ese en todo Madrid. Sobre una especie de chimenea que servía de conducto de ventilación estaba su amigo Juanma, sí, y cantaba en perfecto italiano con voz clara y profunda de tenor decimonónico. Abrió los brazos hacia él y con la mano derecha le invitó a subir.

Le parecía imposible subir hasta esa atalaya desde la que su amigo vigilaba la ciudad mientras cantaba. ¿De qué lugar provendría la música?. Sintió que comenzaba flotar, poco a poco iba elevándose. La sensación no le era del todo extraña, como si volviese a montar en bicicleta después de muchos años. Recordaba haber hecho algo parecido antes en alguna ocasión. Juanma le alargó la mano, él se la agarro con fuerza. Ya estaban juntos los dos allí arriba.

Arriba, pero ¿dónde?. El cielo no era ya azul, grandes nubes lo cubrían todo, su amigo no cantaba y no se encontraban sobre ninguna salida de aire. ¿Qué era aquello, esa cúpula catedralicia?. La había visto antes, nunca desde tan alto. Sí, y debajo de ellos ese enorme río, tan gris como el cielo. Aquel edificio de ladrillo viejo, ladrillo inglés sin duda. Estaban sobre el mismísimo Big Ben, -¿qué extraño sueño estaba viviendo?- se preguntó Evaristo.

Los dos se miraron, Evaristo tenía cara de no entender absolutamente nada. Juanma parecía estar tranquilo y no le dirigía la palabra; hubiese sido inútil pues él no sabía que decir. Bajaron primero por unas escaleras metálicas totalmente verticales, las encontraron debajo de una trampilla que estaba junto a ellos. Después de descender unos 20 metros, llegaron a un descansillo, si podía ser así llamado, un policía hacía guardia firme y orgulloso con su clásico sombrero reglamentario, tan británico. Los saludó educadamente y ellos, grandes angloparlantes, saludaron a su vez.

Al llegar abajo comenzaron a pasear en dirección a la abadía de Westminster, hacía tiempo que Evaristo no estaba por allí y le volvían a la mente recuerdos de viajes pasados. Recuerdos que estaban allí en un rincón de su cabeza y que para él eran tan reales como el taxi que le pitaba en ese momento pues había estado a punto de atropellarle. Juanma se reía de la poca pericia de Evaristo, era una risa alegre cargada de afecto, la risa de alguien ante un viejo gesto muy conocido de un gran amigo.

Evaristo se quedó absolutamente sorprendido, más si cabe, al ver sentados a Javi y Juan en un banco junto a la estatua de Winston Churchill, solemne como un emperador romano, los dos conversaban animosamente. Javi vestía un Jersey a rayas y un gorro de lana color rojo, -era un tipo alegre, siempre lo fue- pensó Juanma, parecía un marinero que acabase de llegar en algún ballenero después de tres años de travesía, rebosaba felicidad. Javi siempre era así. Juan los saludó como si los llevase esperando ya algún tiempo sonreía como él solo sabía hacerlo.

-Vamos- les gritó Javi mientras les señalaba el puente.

Más tarde Juan les contaría que había cogido el metro madrileño para ir a la clínica donde trabajaba y que, cuando creía estar llegando a su parada, dijeron por megafonía: -Trafalgar Square-. Y allí, mientras pensaba en el maldito Nelson, apareció Javi dándole un abrazo, de esos que solo él sabía dar, y se pusieron a charlar como si no hubiese pasado un solo minuto desde la última vez que se vieron. Como aquello era mucho mejor que si hubiese llegado a alguna parada de Madrid, no se planteó mucho que extraño fenómeno espacio-temporal le había colocado allí.

En el río bajo el puente un clíper, con su enorme palo mayor y las velas desplegándose lentamente, permanecía orgulloso, quieto y tranquilo, les esperaba a ellos no había duda. Era alargado y recortado como sólo esos barcos lo son, Juan recordaba que ya no quedaban muchos, quizás ninguno. Pero allí estaba aquél, recién pintado y con aquel fuerte olor a barniz, esperándoles. ¡Oh!, ¿qué era aquello en la popa?, sí era el nombre de aquella preciosa embarcación de otros tiempos menos rápidos en los que el viento transportaba a gentes y mercancías de un lugar a otro, en grandes letras azules se podía leer: EL PORVENIR.

¡Oh! dioses que regís los destinos de los mortales hombres que extraños momentos les hacéis pasar a menudo. Ese barco había sido construido para ellos en algún viejo astillero de Liverpool por rudos obreros ingleses que trabajan al son de los Beatles, Evaristo podía imaginárselos, sonaba aquella canción mientras pensaba en ellos:

He´s a real nowhere man
Sitting in his nowhere land,
Making all his nowhere plans for nobody.

Doesn´t have a point of view,
Knows not where he´s going to,
Isn´t he a bit like you and me?

Nowhere man, please listen, you don´t know
What you´re missing,
Nowhere man, the world is at your command.

He´s as blind as he can be,
Just sees what he wants to see,
Nowhere man can you see me at all?

Nowhere man, don´t worry,
Take your time, don´t hurry,
Leave it all till somebody else lends you a hand.

Sobre la cubierta junto a una docena de barriles de roble repletos de ron se encontraba el capitán de aquella embarcación, estaba de espaldas y vestía un largo abrigo azul marino, desde donde ellos estaban podían verlo bien con una frondosa barba. Se dio la vuelta saludándolos, ¿pero qué era todo aquello?, no era otro que Enrique. ¿Quién mejor que él para ser su capitán en una larga travesía? En su boca exhibía orgulloso la pipa que Evaristo le había traído de tierra cubana hacía pocos años, con la mano izquierda les animaba a subir a bordo.

La pasarela crujía y alguno de ellos pasó cierto miedo al cruzarla. La cubierta estaba perfectamente ordenada y extremadamente limpia, el olor a madera recordaba a bar inglés y, bueno, también un tirador de cerveza junto al palo mayor ayudaba a parecerlo. Javi miró hacia arriba y pudo ver un largo gallardete, el gallardete del capitán, que ondeaba en lo más alto, era rojo.

-Bienvenidos a bordo- les saludó Enrique.-Os tengo preparado una frugal comida, quizás tengáis hambre-.

¿Frugal una comida organizada por Enrique?, imposible-pensó Juan. Anfitrión sin igual era su amigo Enrique y estaba completamente seguro que les habría preparado algo digno de él.

Así fue. Comieron, bebieron, fumaron, rieron y volvieron a beber. Estuvieron recordando hazañas y peripecias de cada uno de ellos, tenían cientos que contar. Podríamos haber escrito un gran libro con apenas una docena de ellas. Las recordaban como el soldado que recuerda la batalla ganada, eran historias tan suyas como podían serlo sus manos, formaban parte de su propia mitología. Creaban un nexo invisible pero no por ello menos fuerte entre todos ellos.

Cerveza y vino, vino y cerveza, whiskies, rones, no le hicieron ascos a nada. Bebían como grandes amigos que se vuelven a encontrar, eso era digno de celebrarse. ¿No bebemos en las bodas de familiares casi desconocidos y en comuniones y bautizos?, ¿cómo no iban a beber y alegrarse aquellos jóvenes amigos por estar juntos?, ¿acaso existe mayor motivo de alegría?.

Cuando despertaron a la mañana siguiente, no había ya ningún río ni ninguna ciudad. Se encontraban en mitad del océano, a lo lejos una ballena escupía agua en un inmenso chorro. Evaristo miró a un lado y a otro esperando encontrarse a Herman Melville preparando su arpón, o a Ismael quizás, puestos a imaginar. Se quedó mirando durante horas el mar infinito. ¡Qué diferente aquello a la ciudad!, y era igual de real. Igual no, más real que todo lo que le rodeaba en Madrid. Las ciudades dejarían de existir pero aquel mar seguiría estando allí. Se sintió muy pequeño, sintió pena por todos los que se pavonean por la Feria de las Vanidades:

En ella se come y se bebe en exceso, se ama y se coquetea, se ríe y se llora, se fuma, se tima, se riñe, se baila y se juega; hay bravucones agresivos, petimetres que se comen con los ojos a las damas; rateros, alguaciles al acecho, charlatanes (¡cuánto charlatán detestable!) vociferando ante sus barracas y papanatas que miran boquiabiertos a las bailarinas brillantes de lentejuelas y a los pobres saltimbanquis embadurnados de bermellón, mientras los largos dedos les aligeran los bolsillos. Tal es la Feria de las Vanidades. No se trata de un centro moral, desde luego, ni de un lugar de recreo, sino de un espacio con mucho ruido. Observad la cara de los actores y bufones cuando acaban de representar su papel…

La tristeza le invadió por todos aquellos que malgastaban su vida en malas palabras y feos gestos. Que se consumían por papeles gastados de aburridos colores, miró hacia atrás y allí estaban sus amigos de nuevo hablando de sus cosas. Estaban allí en medio de aquel inmenso mar, y no necesitaban ninguna cosa más.

Durante un par de días navegaron con aguas tranquilas y serenas al igual que el ánimo de cada uno de ellos. Al tercer día Enrique les avisó de que estaban llegando. Y allí pudieron ver la desembocadura del río de su ciudad, tan diferente. Las gaviotas volaban alrededor de los tres palos del Porvenir, les acompañaron durante toda la travesía a lo largo del río, les acompañaban a casa.

Pasaron la esclusa y el primero de los puentes, después de una hora comenzaron a ver los altos árboles del Parque de María Luisa, en el muelle había una gran multitud. Estaban allí, Carolo, Diego, Gollo, Joaquín, Abel, Víctor, Carlos, Ale, Nacho, Juan Carlos. Allí estaban, y muchos más, Isa y Manolo, Carlota y Jesús con Blanca, Jaime, Ángela, incluso las hermanas de Juan. Sí estaban también las dos Mari Carmen y Jesús, Javier y Gracia, Juanma y Ángela, Isabel y Enrique. Y muchos más amigos de todos los rincones de la ciudad. Parecían que estaban celebrando una gran fiesta, había tantos que sería aburrido que pusiese aquí todos sus nombres.

Y recuerdo que les gritaba: -¡Volved amigos, volved!, no os marchéis nunca más.- Sí yo les gritaba aquello con lágrimas en los ojos, lágrimas de felicidad.

Esto es lo que pasó y os lo he contado tal como ellos me lo contaron a mí, bueno y como lo poco que yo vi. Volved amigos, volved…

Fernando Ollero Ojeda

lunes, junio 16, 2008

Heathrow 16:15

La noche pasó rauda, cansada, apática a la vez que risueña. Viejos amigos, los amigos, aunque faltaban unos tantos. Luego el deseo, fuego incandescente, fatuas sensaciones. El olor de la autenticidad revistió mi cama; tu piel, sábanas de cielo; tu boca, carnosa, manantial inagotable del que brotan tus vigorosos ósculos.

Entrega sin fisuras, juanramoniana firmeza la de tus manos que ya siento tan lejos aunque están presentes, presentísimas en mi cuerpo y mi rostro. Ya el lecho descansará de vaivenes. Cesarán las intermitentes pasiones, las noches de ardor etílico, de tez sórdida o de límpida tez. Más la entraña no cesa. El recuerdo es ayer, sustento de la bestia adormecida. Tus besos, abrasivos, inolvidables, eternos para ti y para mi...ambos lo sabemos. Lo demás ya no importa.

02-07-2005

viernes, junio 06, 2008

Mujer Lejana

Esta mujer cabe en mis manos.
Es blanca y rubia, y en mis manos la llevaría como a una cesta de
magnolias.
Esta mujer cabe en mis ojos.
La envuelven mis miradas, mis miradas que nada ven cuando la
envuelven.
Esta mujer cabe en mis deseos.
Desnuda está bajo la anhelante llamarada de mi vida y la quema mi deseo como una brasa.
Pero, mujer lejana, mis manos, mis ojos y mis deseos
te guardan entera su caricia
por que sólo tú, mujer lejana, sólo tu cabes en mi corazón.

Pablo Neruda ''Para nacer he nacido''

viernes, mayo 30, 2008

Tóxica

Las aves de la noche se alimentan de luciérnagas y roedores. Abren sus alas y se precipitan en un vuelo terrible: precisan su alimento y matan para conseguirlo. No son maléficas empero, necesitan comer para seguir vivas. Bien podrían abandonarse y elegir la inanición, más eso no sería propio de su especie: las aves de la noche nunca se han saciado con hierbas o helechos. Es la sangre, la sangre la que lustra su plumaje, la sangre la que aviva su mirada torva, asesina, tóxica.




jueves, mayo 22, 2008

El Hombre Invisible

"Soy un hombre invisible. No, no soy un fantasma como los de Edgar Allan Poe, ni tampoco un ectoplasma a lo Hollwyood. Soy un hombre de sustancia, de carne y hueso con fibras y líquidos en el cuerpo, incluso diría que poseo una mente. Soy invisible porque la gente se niega a verme. Como las cabezas sin cuerpos que se ven en los espectáculos circenses a veces, me parece que estoy rodeado de espejos con un cristal duro que me devuelven una imagen que no es la mía. Es solo mi silueta lo que ve la gente cuando se acerca, o a ellos mismos, o fragmentos de su imaginacion, cualquier cosa, menos a mi."

Ralph Ellison

viernes, mayo 02, 2008

Transfiguración

Quien ha alcanzado la libertad de la razón, aunque sólo sea en cierta medida, no puede menos que sentirse en la tierra como un caminante, pero un caminante que no se dirige hacia un punto de destino pues no lo hay. Mirará, sin embargo, con ojos bien abiertos todo lo que pase realmente en el mundo; asimismo, no deberá atar a nada en particular el corazón con demasiada fuerza: es preciso que tenga también algo del vagabundo al que agrada cambiar de paisaje. Sin duda ese hombre pasará malas noches, en las que, cansado como estará, hallará cerrada la puerta de la ciudad que había de darle cobijo; tal vez incluso como en oriente, el desierto llegue hasta esa puerta, los animales de presa dejen oír sus aullidos tan pronto lejos como cerca, se levante un fuerte viento, y unos ladrones le roben sus acémilas. Quizá entonces la terrible noche será para él otro desierto cayendo en el desierto y su corazón se sentirá cansado de viajar. Y cuando se eleve el sol de la mañana, ardiente como un airado dios, y se abra la ciudad, puede que vea en los ojos de sus habitantes más desierto, más suciedad, mas bellaquería y más inseguridad aún que ante su puerta, por lo que el día será para él casi peor que la noche. Es posible que a veces sea así la suerte de este caminante. Pero pronto llegan, en compensación, las deliciosas mañanas de otras comarcas y de otras jornadas, en las que desde los primeros resplandores del alba, ve pasar entre la niebla de la montaña a los coros de las musas que le rozan al danzar; más tarde sereno, en el equilibrio del alma de la mañana antes del mediodía y mientras se pasee bajo los árboles, verá caer a sus pies desde sus copas y desde los verdes escondrijos de sus ramas una lluvia de cosas buenas y claras, como regalo de todos los espíritus libres que frecuentan el monte, el bosque y la soledad, y que son como él, con su forma de ser unas veces gozosa y otra meditabunda, caminantes y filósofos. Nacidos de los misterios de la mañana temprana, piensan qué es lo que puede dar al día, entre la décima y la duodécima campanadas del reloj, una faz tan pura, tan llena de luz y de claridad serena y transfiguradora: buscan la filosofía de la mañana.


Humano demasiado humano (F.N.)

lunes, marzo 31, 2008

Miopía

¡Ay, vivir un poema de nuevas alegrías, siempre!
¡Danzar, aplaudir, exultar, gritar, saltar, brincar,
seguir viviendo, seguir flotando!
Ser marinero del mundo, en dirección a todos los
puertos.
Ser un barco (mirad las velas que extiendo al sol
y al aire).
Un barco desbordante y raudo, lleno de palabras
ricas, lleno de alegrías.

Acaso dudas que prefiero la alegría a la tristeza, la serenidad a la angustía, el ánimo a la depresión, la exaltación a la melancolía, el amor a la envidia, la generosidad al odio, la intrepidez a la medrosidad. Mira a mi alrededor y dime qué ves. No necesito perdonarme, ya he conseguido entenderlo: la luz se fue al querer verlo todo a través de tus ojos miopes.

sábado, marzo 22, 2008

Zara

-¿No puede hablar con nosotros?- preguntó Marcelo.
-Ella no tiene derecho-.

Pero Buzara sí habló con nosotros. Pagó los 50 dirhams para andar con extranjeros, la tarifa que entre risas le solicitaron los gendarmes de gris que custodiaban la entrada porticada del Banc de Maroc. Los fieles terminaban la oración y la Grand Place de Marrakech bullía con aquel soniquete hipnótico que nos aturdía como a las cobras.

Buzara era una señorita muy amable. Había marchado a Modena hacía unos años cuando murieron sus padres; sus raíces entonces las llevó consigo. Rondaba la treintena, pero a diferencia de algunas de las mujeres con las que andábamos en Madrid por aquellos tiempos, Zara, como nos pidió que la llamásemos, miraba con la ilusión de una quinceañera, con esa frescura de quien siente tenerlo todo por descubrir.

La cena fue en Dar Essalam, -de Señores- como demandaba Marcelo. Todo era muy fácil entre nosotros. Cualquier decisión era válida y abrazada por todos como propia. Siempre nos había gustado trabajar como un equipo, juntos en la subida y en la bajada, en los días cálidos y en las tardes solitarias -Basket Lavapiés-, así se nos conoció esos años. El restaurante resultó majestuoso: un increíble palacio colmado de plata, con las paredes repletas de aquellas abundantes lacerías que siempre me habían fascinado del arte árabe. A Antón le inspiraba más recordar a James Stewart, desesperado por encontrar a su hijo en El hombre que sabía demasiado, que como nos relató el Apoderado había sido rodada en aquel lugar medio siglo antes.

Encargamos varias cervezas: era una de esas noches para brindar, y Zara lo celebró con agua. Nos homenajeamos. Cous cous y kefta, como no, pastila, harira y tajin de pollo con aceitunas, té moruno a los postres. Zara se animó a bailar al son de los laudes y aunque tímidamente, no dudó en expresar su comunión con la fiesta.

Esa noche Zara durmió con la ventana entreabierta. Mientras Antón, el Pesca y yo mismo nos purgábamos en un psicoanálisis de risas y rones sin hielo, dos pisos más abajo, nuestra nueva amiga escuchaba en silencio, agradecida y risueña, partícipe como era de nuestra libertad, esa que en la medina de Marrakech cuesta 5 euros a una italiana de Casablanca.

miércoles, marzo 12, 2008

miércoles, marzo 05, 2008

La caída de Ícaro

1
Los atardeceres se suceden,
hace frío
y las casas de adobe en las afueras
se reflejan sobre charcos quietos.
Tierra removida.
Los atardeceres se suceden,

Cézanne elevó la «nature morte»
a una altura
en que las cosas exteriormente muertas
cobran vida, dice Kandinsky.
Vida es emoción.
Pero quedará de vosotros
lo que ha quedado de los hombres
que vivieron antes, previene Lucrecio.
Es poco: polvo, alguna imagen tópica
y restos de edificios.
El alma muere con el cuerpo.
El alma es el cuerpo. O tres fotografías
quedan, si alguien muere.

También un gesto inexplicable,
díscolo para los ojos, desafío,
erizado. Cuerpo es lo otro.
Irreconocible. Dolor.
Sólo cuerpo. Cuerpo es no yo.
No yo.

Lo quieto de las cosas
en el atardecer. La quietud,
por ejemplo, de los edificios.
El ensombrecimiento
mudo y apagado.

Como ojos,
dos piedras azules me miran
desde un anillo.
Los anillos
cuidadosamente extraídos
al final.
Como aquél de azabache y plata
o este otro de un pálido, pálido rosa.
Rostros y luces
nítidamente se reflejan en él.

En la noche corro por un campo
que desciende, corro entre arbustos
y choco con algo vivo
que trata de ovillarse, de encogerse.
Es un niño pequeño, le pregunto
quién es y contesta que nadie.

Esta respiración honda
y este nudo en la pelvis
que se deshace y fluye. Esto soy yo
y al mismo tiempo
dolor en la nuca y en los ojos.

Terminada la juventud,
se está a merced del miedo.

2
Verde. Verde. Agua. Marrón.
Todo mojado, embarrado.
Es invierno. Es perceptible
en el silencio y en brillos
como del aire.Yo soy muy pequeña.
Un cuerpo caminando.
Un cuerpo sólo;
lo enfermo en la piel, en la mirada.
El asombro, la dureza absoluta
en los ojos. Lo impenetrable.
La descompensación
entre lo interno y lo externo.
Un cuerpo enfermo que avanza.

Desde un interior de cristales muy amplios
contemplo los árboles.
Hay un viento ligero, un movimiento
silencioso de hojas y ramas.
Como algo desconocido
y en suspenso. Más allá.
Como una luz
sesgada y quieta. Lo verde
que hiere o acaricia. Brisa
verde. Y si yo hubiera muerto
eso sería también así.

jueves, febrero 28, 2008

28 de febrero

A lo lejos puedo oír el murmullo de los niños, parloteando con sus voces vivarachas que colorean recuerdos de patio de colegio. Las aulas vacías con pupitres sin silla, cuadros verdeazules y holgadas blusas de algodón blanco, los naranjos escorzados, las paredes de ladrillo que esconden con arrullo sonrisas y bostezos. La mañana es clara, ha de serlo. Puedo ver todos esos rostros, alegres, tan distintos y tan iguales. A penas comprenden lo que cantan y posiblemente algunos de ellos nunca lleguen a entenderlo; pero les gusta, con eso basta.



Cádiz, salada claridad; Granada,


agua oculta que llora.


Romana y mora, Córdoba callada.


Málaga cantaora.


Almería dorada.


Plateado Jaén. Huelva, la orilla


de las Tres Carabelas...


y Sevilla.




jueves, febrero 14, 2008

Cuento de San Valentín

He nacido hoy de madrugada
viví mi niñez esta mañana
y sobre el mediodía
ya transitaba mi adolescencia.
Y no es que me asuste
que el tiempo se me pase tan deprisa.
Sólo me inquieta un poco pensar
que tal vez mañana
yo sea
demasiado viejo
para hacer lo que he dejado pendiente


Jorge Bucay

martes, febrero 12, 2008

Revelación

"Existe una diferencia entre un hecho y la verdad, la verdad posee un elemento de revelación. Si algo es verdadero, hace algo más que llamarnos la atención por el mero hecho de serlo"

Lucian Freud

viernes, febrero 08, 2008

Voyage

¡Oh, Muerte, viejo capitán,ya es hora! ¡Levemos anclas!
¡Este país nos aburre, oh Muerte! ¡Despleguemos las velas!
Si el cielo y el mar son negros como la tinta,
Nuestros corazones, que tú conoces, están colmados de luz.

¡Escáncianos tu veneno para que nos reconforte!
Queremos, pues este fuego nos quema el cerebro,
Hundirnos en el abismo, Infierno o Cielo, ¿qué importa?
Hundirnos en lo Ignoto para hallar algo nuevo.


martes, enero 29, 2008

Oquedad

"Nos comunica alguien su enfermedad o su revés económico, lo escuchamos, lo compadecemos, tratamos de reconfortarle y volvemos a nuestros asuntos. ¡Qué solas estamos las personas!"

lunes, enero 14, 2008

Caminante


"El caminante disfruta del mejor y más delicado de los placeres, porque además de saborear sabe de lo pasajero de todas las alegrías. No se queda largo tiempo mirando lo ya perdido, ni ansía echar raíces en el lugar donde una vez estuvo a gusto. Hay viajeros por placer que van año tras año al mismo lugar, y muchos que no pueden despedirse de un bello paisaje sin antes tomar la decisión de volver muy pronto. Buena gente podrán ser, pero no buenos caminantes. Tienen algo de la roma embriaguez y algo de ese afán coleccionista de las muchachas que recogen la flor de tilo. Pero afán de caminante no tienen, ese afán callado, serio y alegre al mismo tiempo, siempre diciendo adiós."


Bilderbuch


Muchas lunas iluminaron el mismo sueño de la vuelta a casa. Abría la puerta con timidez circunspecta a pesar de la excitación que albergaba en su interior. Esperaba encontrarlos a todos, a cada uno de aquellos que siempre habían sido su hogar, emocionados por su regreso, exactamente como los recordaba. Entonces despertaba, acompañada por la sola presencia de aquel silencio tan extrañamente familiar al que jamás quiso acostumbrarse, resuelta a caminar de nuevo, convencida de que ese día, dondequiera que la llevarán sus pasos, volvería a cerrar los ojos.

martes, diciembre 18, 2007

Falling Slowly

Take this sinking boat and point it home
We've still got time...
Raise your hopeful voice you have a choice
You've made it now

viernes, noviembre 30, 2007

La Cara de la Pobreza


Golpearé vuestras conciencias. La mía aún está temblando. Por casualidades de mi quehacer, he 'conocido' la realidad de algunos niños y niñas de Níger y otros de los países más desangelados del Continente Negro.

El Noma (Cancrum Oris), una enfermedad infecciosa que mutila las partes blandas de la cara y suele iniciarse durante un episodio febril. Esta lesión, que a menudo pasa desapercibida en un primer momento, evoluciona hacia una gingivitis ulcerosa de manera rápida y extensa, afectando a continuación a mejillas, mentón, labios, etc. Su devastador resultado: una lesión en forma de cráter cavernoso que llega a devorar la masa osea con vil celeridad.

Son los malditos entre los más pobres, la cara más amarga de la pobreza.

martes, noviembre 27, 2007

Canción de una amada

1. Lo sé, amada: ahora se me cae el pelo por mi vida salvaje, y me tumbo en las piedras. Me veis beber el aguardiente más barato, y camino desnudo al viento.

2. Pero hubo un tiempo, amada, en que fui puro.

3. Tuve una mujer que era más fuerte que yo, como la hierba es más fuerte que el toro: se vuelve a erguir.

4. Ella vio que yo era malo, y me amó.

5. No preguntó a donde conducía el camino, que era su camino, y quizás iba hacia abajo. Cuando me dio su cuerpo, dijo: esto es todo. Y fue mi cuerpo.

6. Ahora ya no está en ningún lado, desapareció como una nube cuando ha llovido, la abandoné y cayó, pues ése era su camino.

7. Pero de noche, a veces, cuando me veis beber, veo su cara, pálida en el viento, fuerte y vuelta hacia mí, y me inclino ante el viento.


lunes, noviembre 26, 2007

Crosses

Don't you know that I'll be around to guide you
Through your weakest moments to leave them behind you
Returning nightmares only shadows
We'll cast some light and you'll be alright
We'll cast some light and you'll be alright for now

Crosses all over, heavy on your shoulders
The sirens inside you waiting to step forward
Disturbing silence darkens you sight
We'll cast some light and you'll be alright
We'll cast some light and you'll be alright for now

Crosses all over the boulevard
Crosses all over the boulevard
Crosses all over the boulevard
Crosses all over the boulevard

The streets outside your window overflooded
People staring, they know you've been broken
Repeatedly reminded by the looks on their faces
Ignore them tonight and you'll be alright
We'll cast some light and you'll be alright

miércoles, octubre 31, 2007

Meditaciones

Aunque debieras vivir tres mil años y otras tantas veces diez mil, no obstante recuerda que nadie pierde otra vida que la que vive, ni vive otra que la que pierde. En consecuencia, lo más largo y lo más corto confluyen en un mismo punto. El presente, en efecto, es igual para todos, lo que se pierde es también igual, y lo que se separa es, evidentemente, un simple instante.
Luego ni el pasado ni el futuro se podría perder, porque lo que no se tiene, ¿cómo nos lo podría arrebatar alguien?.

Ten siempre presente, por tanto, esas dos cosas: una, que todo, desde siempre, se presenta de forma igual y describe los mismos círculos, y nada importa que se contemple lo mismo durante cien años, doscientos o un tiempo indefinido; la otra, que el que ha vivido más tiempo y el que morirá más prematuramente, sufren idéntica pérdida. Porque sólo se nos puede privar del presente, puesto que éste sólo posees, y lo que uno no posee, no lo puede perder.


viernes, octubre 26, 2007

A todo cuanto sientas

A todo cuanto sientas
dale el tamaño más pequeño.

Él ha dicho que sin ti
no puede vivir. Así que cuenta con que, cuando vuelvas
a encontrarlo, te reconocerá.

Así que hazme el favor y no me ames demasiado.

Cuando fui amado la última vez, durante todo aquel tiempo
no recibí ni la más mínima amabilidad.


Bertol Brecht

jueves, octubre 25, 2007

Hoy

Mira bien este día pues es la vida, tu propia vida. En él están todas las verdades de nuestra existencia: la bendición del crecimiento, la gloria de la acción y el esplendor de la belleza. Si vives bien este día, harás que el ayer sea un bonito recuerdo y el mañana una visión de esperanza. Esto es Hoy.

martes, octubre 09, 2007

Cuando voy a trabajar es de noche

Cuando voy a trabajar es de noche,
después amanece poco a poco,
hace mucho frío aún.
A menudo en el cine
me parece oír lluvia azotando el tejado,
como si no hubiese lugar
donde guarecerse.
Hoy alguien en un sueño dijo:
ten, en esta garrafa
hay agua limpia,
por si toma moho
la del corazón.

sábado, octubre 06, 2007

Poesía

“La poesía debe ser tan orgiástica y orgánica como la cópula, divisoria y unificadora, personal pero no privada, propagando al individuo en la masa y a la masa en el individuo”


Dylan Thomas

miércoles, octubre 03, 2007

Consejo de un viejo amigo

"Créeme, ser adulto no siempre es una ventaja. Tener que levantarte a una hora fija, dejar de comer los espléndidos platos que preparaban mamá o la chacha, da igual, pero sin tener que preocuparte tú de hacerlos. No poder ir a donde quieres cuando quieres. Regresa en cuanto puedas a la inmadurez, vive, ya tendrás tiempo para la responsabilidad, o sino hazte tan rico que puedas retirarte ya. Cada día me llama con más fuerza el Caribe. No quiero preocuparme de otra cosa que atender a las mulatitas que caigan en mis redes, que por propia experiencia te digo se dejan "coger" con cierta facilidad, y agasajar a los amigos que vayan a visitarme. La vida es demasiado importante para pararse a hacer lo que los demás esperan de ti. Hasta pronto."

Es fácil reconocer lo que los demás esperan de ti, mucho más fácil que reconocer aquello que esperamos de nosotros mismos. Hasta pronto viejo sátiro.

lunes, septiembre 24, 2007

sábado, septiembre 22, 2007

Más allá del bien y del mal

¡Ay, qué sois, pues, vosotros, pensamientos míos escritos y pintados! No hace mucho tiempo erais aún tan multicolores, jóvenes y maliciosos, tan llenos de espinas y de secretos aromas, que me hacíais estornudar y reír... ¿Y ahora? Ya os habéis despojado de vuestra novedad, y algunos de vosotros, lo temo, estáis dispuestos a convertiros en verdades: ¡tan inmortal es el aspecto que ellos ofrecen, tan honesto, tan aburrido, que parte el corazón! ¿Y alguna vez ha sido de otro modo? ¿Pues qué cosas escribimos y pintamos nosotros, nosotros los mandarines de pincel chino, nosotros los eternizadores de las cosas que se dejan escribir, qué es lo único que nosotros somos capaces de pintar? ¡Ay, siempre únicamente aquello que está a punto de marchitarse y que comienza a perder su perfume! ¡Ay, siempre únicamente tempestades que se alejan y se disipan, y amarillos sentimientos tardíos! ¡Ay, siempre únicamente pájaros cansados de volar y que se extraviaron en su vuelo, y que ahora se dejan atrapar con la mano...Con nuestra mano! ¡Nosotros eternizamos aquello que no puede ya vivir y volar mucho tiempo, únicamente cosas cansadas y reblandecidas! Y sólo para pintar vuestra tarde, oh pensamientos míos escritos y pintados, tengo yo colores, acaso muchos colores, muchas multicolores delicadezas y cincuenta amarillos y grises y verdes y rojos: pero nadie me adivina, a base de esto, qué aspecto ofrecíais vosotros en vuestra mañana, vosotros chispas y prodigios repentinos de mi soledad, ¡vosotros mis viejos y amados pensamientos perversos!

martes, septiembre 11, 2007

martes, agosto 28, 2007

In memoriam


“El hombre es un ser de lejanías”, escribió Heidegger.
Esta frase tiene muchos sentidos, como todas las suyas,
pero yo le aplico el más modesto y usual. Ir muriéndose es ir
alejándose de las cosas, o ver cómo las cosas se alejan. Así,
acudo a fiestas, tareas, usos cotidianos, inmediatos, y me parece
venir desde muy lejos, desde mis lejanías de hombre que agota a
grandes pasos su biografía. A uno le queda ya poco, pero no
poco o mucho de vida o de muerte, sino poco de uno mismo, poco de lo que fue, de lo que fui”

Francisco Umbral

lunes, agosto 20, 2007

Sopa de Ganso

Margaret Dumont: Dime Wolfie, cariño, ¿tendremos una casa maravillosa?
Groucho: Por supuesto, ¿no estarás pensando en mudarte, verdad?
Margaret Dumont: No, pero temo que cuando llevemos un tiempo casados, una hermosa joven aparezca en tu vida y te olvides de mí.
Groucho: No seas tonta, te escribiré dos veces por semana.

jueves, agosto 16, 2007

Al Avalista

Madrid, este minúsculo espacio del cosmos en el que yuppies encocados, facinerosos con flequillo, pajarracas de chúpame la punta y pobres diablos atribulados están encantados de haberse conocido. Será por los madrugones hacinados en apestosos vagones de lo más cosmopolita, por el intenso olor a basura que nos acompaña muchas mañanas nada más sacamos el pie del portal, por todas esas hembras que nunca conoceremos y que bien podrían hacernos felices y darnos hasta descendencia, por las hipotecas imposibles, por los jefes bastardos, por los amigos y familiares ausentes, por los fracasos y nuevos fracasos sentimentales, por las noches irrepetibles venidas y por venir, por las callejas sucias y graffitadas, por los mejis y las tostas de la Lucy, por los paseos interminables de sábado por la tarde, por los pisos sin cortinas, por el AVE... Pero sobre todo porque no existe mayor paraíso que volver a ver tus padres o a un amigo tras un verano de mierda.

Aquí nos quedamos. Por ahora.

jueves, agosto 09, 2007

Necesitado de arena y salitre

Las notas desacompasadas de esta guitarra siempre me vararon en playas de un verde perpetuo. Son notas familiares, benévolas y cálidas como los inesperados encuentros de Agosto en un Madrid de feria y caluroso.

Son notas de una guitarra que no es mía pero que es nuestra, y que nos transporta a tí y a mí a realidades que no percibimos con los sentidos, las realidades importantes, las que nos cuesta contar con palabras.

Notas que tejen vestidos amarillos con la bisoñez de un primer beso. Acordes bosquejados como las marismas del mar de Cádiz, mar tan pleno y tan sólo, presagio y recuerdo de sonrisas balsámicas, de una boca pequeña de dientes grandes.

Ahora estamos lejos, pero sé que en mi playa, como la mar y la arena, siempre nos tendremos cerca.

martes, julio 10, 2007

Cierro los ojos y recuerdo el lugar donde solía vivir. Todo son recuerdos y amaneceres. Nada más que eso

jueves, junio 14, 2007

Disarm me with a smile...

Disarm you with a smile

And cut you like you want me to

Cut that little child

Inside of me and such a part of you

Ooh, the years burn


I used to be a little boy

So old in my shoes

And what i choose is my choice

What's a boy supposed to do?

The killer in me is the killer in you

My love

I send this smile over to you


Disarm you with a smile

And leave you like they left me here

To wither in denial

The bitterness of one who's left alone

Ooh, the years burn


Ooh, the years burn, burn, burn


I used to be a little boy

So old in my shoes

And what I choose is my voice

What's a boy supposed to do?

The killer in me is the killer in you

My love

I send this smile over to you


The killer in me is the killer in you

Send this smile over to you

The killer in me is the killer in you

Send this smile over to you

The killer in me is the killer in you

Send this smile over to you

jueves, junio 07, 2007

Analectas

El prejuicio más arbitrario es que al hombre le esté negada la facultad de ser fuera de sí, de ser con conciencia más allá de los sentidos. El hombre puede ser a cada instante un ser suprasensorial. Sin esto no sería un ciudadano del mundo, sería un animal. En verdad, el discernimiento en este estado, el encuentro de sí mismo, es muy difícil, ya que está unido tan incesante, tan necesariamente con el intercambio de nuestros restantes estados. Cuánto más conscientes, empero, podemos ser de este estado, tanto más vivaz, poderosa, satisfactoria es la convicción que surge de ello; la fe en genuinas revelaciones del espíritu. No es un contemplar, oír, sentir, está compuesto por los tres en su totalidad, es más que la totalidad de los tres, una sensación de inmediata certeza, una visión de mi vida más propia y más verdadera, los pensamientos se transforman en leyes, los deseos en realizaciones. Para el débil es el factum de este momento un artículo de fe.

Sorprendente se torna la visión, especialmente al observar algunas figuras y rostros humanos, sobre todo al divisar algunos ojos, algunos gestos, algunos movimientos, al oir ciertas palabras, al leer ciertos lugares, en ciertos respectos de la vida, el mundo y el destino. Muchas casualidades, algunos sucesos naturales, particulares estaciones del año y horas del día nos ofrendan experiencias semejantes. Ciertos estados de ánimo son especialmente propicios a tales revelaciones. La mayoría son instantáneos, pocos se detienen, los menos permanecen. Aquí hay mucha diferencia entre los hombres. Uno tiene más capacidad para la revelación que el otro. Uno más sentido, el otro más entendimiento para la misma. Éste último permanecerá siempre en su luz tenue, mientras que el primero sólo tiene iluminaciones esporádicas, pero más claras y diversas. Esta facultad es también capaz de enfermar, enfermedad que denota o bien profusión de sentido y carencia de entendimiento, o bien profusión de entendimiento y carencia de sentido.

lunes, mayo 21, 2007

Amanece

Esta mañana delata tu sonrisa. Quiero darte canciones, como disparos, como remolinos, como guerrillas. Quiero darte canciones que nunca se acaben. Quiero darte algo de esto que me está pasando...

viernes, mayo 11, 2007

Y la muerte no tendrá señorío


Y la muerte no tendrá señorío.
Desnudos los muertos se habrán confundido
con el hombre del viento y la luna poniente;
cuando sus huesos estén roídos y sean polvo los limpios,
tendrán estrellas a sus codos y a sus pies;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar saldrán de nuevo,
aunque los amantes se pierdan quedará el amor;
y la muerte no tendrá señorío.

Y la muerte no tendrá señorío.
Bajo las ondulaciones del mar
los que yacen tendidos no morirán aterrados;
retorciéndose en el potro cuando los nervios ceden,
amarrados a una rueda, aún no se romperán;
la fé en sus manos se partirá en dos,
y los penetrarán los daños unicornes;
rotos todos los cabos ya no crujirán más;
y la muerte no tendrá señorío.

Y la muerte no tendrá señorío.
Aunque las gaviotas no griten más en su oído
ni las olas estallen ruidosas en las costas;
aunque no broten flores donde antes brotaron ni levanten
ya más la cabeza al golpe de la lluvia;
aunque estén locos y muertos como clavos,
las cabezas de los cadaveres martillearan margaritas;
estallarán al sol hasta que el sol estalle,
y la muerte no tendrá señorío.